Si de un tiempo a esta parte la conmemoración del Bicentenario se veía venir como una sucesión casi inescapable de eventos de celebración, con los últimos acontecimientos pareciera que las actividades de rememoración adquirirán un cariz bastante diferente. En lo que sigue, me gustaría poder ofrecer algunas apreciaciones al respecto, con el objetivo de establecer preguntas en torno a las cuales pueda girar una discusión un tanto más crítica del asunto. Para ello, haré un contraste entre los discursos previos que proyectaban la conmemoración y los giros que han adquirido, tanto tras el terremoto como después del cambio de mando. Mi tesis aquí es que el marcado énfasis en asuntos identitarios y patrimoniales son parte de un discurso más amplio de unidad nacional que tiene la potencialidad de suprimir evaluaciones críticas de la historia de Chile a la luz de los 200 años de la Junta de 1810.
En gran medida, el proyecto de la Concertación como bloque político podía/puede (la actualidad tanto de la Concertación como de su(s) proyecto(s) puede discutirse, pero no es este el lugar) definirse por enfatizar, desde una óptica progresista, el tránsito de la sociedad chilena hacia el 'desarrollo'. Con definiciones un tanto vagas respecto del contenido de este desarrollo (lo que no impidió que se instalara como parte del consenso político partidista), se pensaba el Bicentenario como un hito en el cual sería posible constatar el avance de país. De ahí que una serie de proyectos se alinearan tras el nombre 'Bicentenario', como forma de unificar bajo un gran paraguas las aspiraciones de la Concertación. Equidad de género, protección social, dinamismo económico, infraestructura moderna, pero también una política cultural de 'democratización', especialmente del patrimonio, son todos elementos que a mi juicio dan una idea de hacia dónde pensaba la Concertación la celebración del Bicentenario.
Si bien tanto el terremoto como el cambio de coalición en el Gobierno permitiría plantear razonablemente un giro en los énfasis de la conmemoración, hay que constatar cómo la anterior Oposición ha sido también partícipe de la retórica del desarrollo del siglo XXI. No obstante este consenso, es claro que ha habido nuevas orientaciones, dentro de las cuales quizás la más visible ha sido el llamado a la 'reconstrucción y la unidad nacional'. El campo político ha estado atravesado en el último mes de esas dos palabras, las cuales en gran medida restingen el vocabulario de los actores (institucionales, partidistas, o sociales). Quisiera hacer una analogía - aún cuando no es un ejercicio que históricamente tenga validez 'probatoria'. Si pensamos en el contexto de la I Guerra, muchos opositores del conflicto armado, especialmente socialistas y comunistas, se vieron entrampados en una discusión que los hacía ver como anti-patriotas si es que formulaban algún tipo de suspicacia respecto del esfuerzo de guerra. Así, casi en abierta contradicción con sus principios internacionalistas, el Partido Socialdemócrata alemán dio su apoyo a los Créditos de Guerra para no verse marginado del sistema político del momento.
En una manera similar, cualquier crítica a las formas de 'celebración del Bicentenario' que se propone instalar el gobierno corre el riesgo de ser fichada como anti-chilena. La memoria oficial (léase estatal) se perfile en torno a un regreso a discursos sumamente esencialistas de 'lo chileno'. Así, hay que tomarse un poco más en serio la justificación en el cambio de logo. Frente a esa suerte de modernización tecnocrática de los cubos de colores, la llegada de una imagen que contrapone un 'Gobierno de Chile' con tonos de casa comercial a un escudo de Chile que no deja de verse como medalla militar. La operación, en términos generales, es hacer pasar por 'lo chileno' aquello que las élites políticas y culturales de la derecha identifican como tal. De ello se sigue el énfasis en un patrimonialismo conservacionista, que apunta a mantener las cosas 'tal cual', y evitar cualquier noción de cambio o modificación creativa.
Ni qué hablar de las formas en cómo se imagina la historia del país. Ciertamente, las divisiones son mucho más claras a la hora de hablar del pasado reciente (recordemos el episodio de 'Grandes chilenos' que terminó con la elección de Salvador Allende como personaje epónimo). No debería sorprendernos ver una profusión de O'Higgins, Carrera, Portales y Cía. invadir el espacio público. Aun cuando en ambientes académicos hay mucha discusión avanzada al respecto, la mayor parte de lxs dirigentxs políticos no parecen concebir una continuidad de estructuras coloniales en la 'vida republicana'. Así, el pasado aparece como algo desproblematizado, sin tensiones, con pasos simples de una época a otra.
Para cerrar, me gustaría plantear algunas preguntas que ojalá alentaran la discusión. ¿En qué medida es la apelación a una unidad nacional una estrategia que apunta a silenciar la disidencia política? ¿Cuáles son las continuidades y los cambios sobre los cuáles deberíamos discutir al calor del Bicentenario? ¿Qué es lo que queremos recordar en esta ocasión? ¿A quiénes? ¿Cómo? Quizás, debería haber partido por una pregunta más elemental: ¿por qué celebrar ahora y no en otra fecha? ¿Por qué pensar que la historia de Chile cambió en 1810?
Saturday, 10 April 2010
Notas de discusión de campo
"Es que en el fondo, para nosotrxs siempre estaba ese problema de la legitimidad, de qué tan válido era lo que estábamos diciendo. Porque claro, resulta fácil al principio decir tal o cual cosa sobre un grupo, un colectivo... Pero de repente nos preguntamos '¿y por qué?'. Todo ese asunto de la subalternidad, de hablar por, de tomar el lugar del objeto de estudio, el mismo problema ese del objeto de estudio. Y de ahí vino obviamente el momento de tensión cuando algunos pensamos '¿y por qué no?', porque creíamos entonces, y seguimos creyendo ahora en cierta manera, que no había por qué limitarse ni castrarse. Que al final, si íbamos a andar haciendo historiografía, o filosofía, o crítica literaria, o sociología, o lo que fuese, no podíamos renunciar a algo que pensábamos que tenía un valor crítico fundamental. Algo que, mal que les pesara al resto, era precisamente lo que nos había hecho plantear esa pregunta..."
Saturday, 3 April 2010
Kolonie
Nos juntábamos a conversar. De lo que fuera en realidad, pero en especial de cómo olvidar el habla, y la escritura, de cómo desaprender esas formas de sujeción, de cómo hacerse una manera propia de sujeción que fuera un apoyo y no un encadenamiento. Hablábamos de gente que escribe muy lejos de este país, seguramente sin tener idea alguna de que lanzaban su escritura como una botella flotante. Y pensábamos '¿tenemos derecho a abrir ese mensaje?' o más aún '¿por qué tenemos que pedir permiso para poder leer ese mensaje?' o quizás 'si ese mensaje no está dirigido a nosotrxs, ¿por qué nos sentimos interpelados por él?'. Éramos (y seguimos siendo, qué duda cabe) lxs bastardxs de la colonialidad rebelada. Al menos eso queríamos pensar.
Thursday, 11 March 2010
Cambio de mando
Hoy:
- Hubo una réplica como media hora antes del cambio de mando. 7,2º en Rancagua. Casi todxs me dicen que ha sido de las más largas desde el terremoto.
- Cuando estaban todxs lxs políticxs en el Congreso dieron alerta de tsunami. Nadie hizo nada.
- Tremendously pathetic ceremony. Piñera sin tener la menor idea qué hacer (y Pizarro menos).
Mucha gente está entre desanimada y enojada porque hoy haya 'partido' el gobierno de la derecha. Al mismo tiempo, esa gente también está expresando un cariño casi incondicional a Bachelet. Ambas cosas me provocan suspicacia. Porque no es que el país de antes no haya sido 'de derecha'. Y me extraña el aura casi sacral que cubre a Bachelet. Yo en lo personal no tengo nada contra ella. Creo que es buena persona incluso, mucho más que los otros presidentes de la Concertación (que en el mejor de los casos -i.e., Aylwin- eran medios huevoncitos), pero ciertamente eso no quita que igual tenga a Velasco de Ministro de Hacienda y que bajo su gobierno hayan aparecido las zanjas en la Araucanía.
¿Será peor ahora? Yo creo que sí, pero no será una debacle cómo muchxs concertacionistas creen. Y hay que prepararse para estar inundados por la retórica de la unidad nacional, de aquí hasta que se termine la 'reconstrucción' post-terremoto. Son tiempos difíciles, pero hay que pensar que los tiempos anteriores tampoco han sido fáciles.
- Hubo una réplica como media hora antes del cambio de mando. 7,2º en Rancagua. Casi todxs me dicen que ha sido de las más largas desde el terremoto.
- Cuando estaban todxs lxs políticxs en el Congreso dieron alerta de tsunami. Nadie hizo nada.
- Tremendously pathetic ceremony. Piñera sin tener la menor idea qué hacer (y Pizarro menos).
Mucha gente está entre desanimada y enojada porque hoy haya 'partido' el gobierno de la derecha. Al mismo tiempo, esa gente también está expresando un cariño casi incondicional a Bachelet. Ambas cosas me provocan suspicacia. Porque no es que el país de antes no haya sido 'de derecha'. Y me extraña el aura casi sacral que cubre a Bachelet. Yo en lo personal no tengo nada contra ella. Creo que es buena persona incluso, mucho más que los otros presidentes de la Concertación (que en el mejor de los casos -i.e., Aylwin- eran medios huevoncitos), pero ciertamente eso no quita que igual tenga a Velasco de Ministro de Hacienda y que bajo su gobierno hayan aparecido las zanjas en la Araucanía.
¿Será peor ahora? Yo creo que sí, pero no será una debacle cómo muchxs concertacionistas creen. Y hay que prepararse para estar inundados por la retórica de la unidad nacional, de aquí hasta que se termine la 'reconstrucción' post-terremoto. Son tiempos difíciles, pero hay que pensar que los tiempos anteriores tampoco han sido fáciles.
Wednesday, 10 March 2010
Alice in Wonderland
Ahora a todo el mundo le gusta Alicia en el País de las maravillas. Corrección: a todo el mundo siempre le ha gustado. (Quizás debe ser porque a todo el mundo 'siempre le ha gustado' Tim Burton). El asunto es que tengo ganas de ver la película precisamente porque no pretende ser un reemplazo de la anterior, porque la anterior tiene la gracia de que es una película bacán a pesar de ser de Disney.
La primera vez que vi Alicia en el País de las maravillas fue en un video, grabada de la tele, específicamente del Canal 13 (cuando todavía no le daba por cambiar su logo cada dos años y tenía la apertura de transmisiones con el angelito después de las barras de colores). De hecho, la película tenía partes de comerciales y no partía 'desde el principio'. A lo largo del tiempo, hay partes que me sé más o menos de memoria.
El caso es: el estreno de Alicia se atrasó y no hay ninguna justificación razonable para ello. Quizás sea que la película no es ni tan buena a fin de cuentas y la alharaca sea medio fútil, pero igual tengo ganas de alegar contra la idiotez encarnada de algunas personas.
La primera vez que vi Alicia en el País de las maravillas fue en un video, grabada de la tele, específicamente del Canal 13 (cuando todavía no le daba por cambiar su logo cada dos años y tenía la apertura de transmisiones con el angelito después de las barras de colores). De hecho, la película tenía partes de comerciales y no partía 'desde el principio'. A lo largo del tiempo, hay partes que me sé más o menos de memoria.
El caso es: el estreno de Alicia se atrasó y no hay ninguna justificación razonable para ello. Quizás sea que la película no es ni tan buena a fin de cuentas y la alharaca sea medio fútil, pero igual tengo ganas de alegar contra la idiotez encarnada de algunas personas.
Saturday, 6 March 2010
Monday, 1 March 2010
Acontecer infausto
No sacamos mucho con repetir lo de Rolando Mellafe en términos de sus tesis. En otras palabras, lo importante no es decir 'oh, Mellafe tenía razón'. Lo relevante es poder tomarlo como punto de partida para reflexionar a partir de la contingencia. Hacer de la contingencia una contingencia capaz de no sacrificar una actitud crítica.
Lo que ha quedado en evidencia tras el terremoto no ha sido la 'incapacidad' de la infraestructura, ni la 'falta' de preparación de las autoridades. Las crisis de escasez, los saqueos, y los brotes de violencia son la muestra más cruda del estado podrido de las relaciones sociales en Chile. Las reacciones de uno y otro lado dan cuenta de cómo hemos perdido casi todas nuestras capacidades para solidarizar de manera real (y no sólo a través de cosas como la Teletón). 'We are completely helpless because we've been un-taught how to be a community'. Y es precisamente por eso que hay personas que se sientes con derecho a robar y otras que piden (con más o menos grados de ambigüedad) que se les dispare a las primeras.
I think we're quite fucked. Quite.
Lo que ha quedado en evidencia tras el terremoto no ha sido la 'incapacidad' de la infraestructura, ni la 'falta' de preparación de las autoridades. Las crisis de escasez, los saqueos, y los brotes de violencia son la muestra más cruda del estado podrido de las relaciones sociales en Chile. Las reacciones de uno y otro lado dan cuenta de cómo hemos perdido casi todas nuestras capacidades para solidarizar de manera real (y no sólo a través de cosas como la Teletón). 'We are completely helpless because we've been un-taught how to be a community'. Y es precisamente por eso que hay personas que se sientes con derecho a robar y otras que piden (con más o menos grados de ambigüedad) que se les dispare a las primeras.
I think we're quite fucked. Quite.
Wednesday, 24 February 2010
Die Kontrakte des Kaufmanns
Creo que me estoy obsesionando con la obra que fui a ver de Elfriede Jelinek. Pillé unos videos del montaje original en Hamburg y, si bien creo que el que vi en Freiburg no era defectuoso ni mediocre, ciertamente el original le lleva ventaja y media.
Encargué el libro y mañana tengo que ir a buscarlo a una librería que queda como a 15 minutos en Metro. Por el momento, algunos extractos:
Ihr Geld lebt jetzt bei uns, es hat es da gut, arbeitet, treibt Sport, macht Ferien.
Sie konnten es nur vorübergehend beherbergen, Ihr kleines Kapital. Jetzt lebt es bei uns. Es lebt gerne bei uns. Es lebt jetzt auf einer schönen Insel...
Wir haben ins Nichts investiert... In weniger als nichts... Wir haben in ein Unternehmen investiert, das es gar nicht gibt.
Su dinero vive ahora con nosotros, le va bien, trabaja, hace deporte, va de vacaciones.
Sólo podían alojarlo temporalmente, su pequeño capital. Ahora vive con nosotros. Vive feliz con nosotros. Ahora vive en una linda isla.
Invertimos en la nada... en menos que nada... Invertimos en un negocio que nunca existió.
Encargué el libro y mañana tengo que ir a buscarlo a una librería que queda como a 15 minutos en Metro. Por el momento, algunos extractos:
Ihr Geld lebt jetzt bei uns, es hat es da gut, arbeitet, treibt Sport, macht Ferien.
Sie konnten es nur vorübergehend beherbergen, Ihr kleines Kapital. Jetzt lebt es bei uns. Es lebt gerne bei uns. Es lebt jetzt auf einer schönen Insel...
Wir haben ins Nichts investiert... In weniger als nichts... Wir haben in ein Unternehmen investiert, das es gar nicht gibt.
Su dinero vive ahora con nosotros, le va bien, trabaja, hace deporte, va de vacaciones.
Sólo podían alojarlo temporalmente, su pequeño capital. Ahora vive con nosotros. Vive feliz con nosotros. Ahora vive en una linda isla.
Invertimos en la nada... en menos que nada... Invertimos en un negocio que nunca existió.
Contrastes políticos
En Chile no hay previsión para todxs, y acá en Alemania el FDP dice que 'todo aquel que sea joven y esté sano debe aceptar trabajo'. Mientras acá se pelean por deshacer el Estado de Bienestar, en Chile soñaríamos con una 'renta básica'.
Es gibt noch Mauern, die, was vorstellbar ist, trennen.
Es gibt noch Mauern, die, was vorstellbar ist, trennen.
Tuesday, 9 February 2010
Porqué lxs liberales (y lxs progresistas de paso) se engañan a sí mismxs
La situación política tras las últimas elecciones en Chile da la apariencia (o al menos así lo quieren presentar los sectores 'vencedores') de un desplazamiento del conflicto; desde el proyecto transicional de la Concertación v/s la mera oposición de los grupos destronados por ella, hacia una suerte de 'segunda transición', en la cual el conflicto se verificaría en la oposición liberales v/s conservadores. En la lectura de la Concertación, la pelea sería entre progresistas y 'el resto del mundo'. Lo que en definitiva resalta es que las luchas ya no podrían darse ni el campo de la posición respecto del pasado (ie, cómo asumimos los legados de la Dictadura) ni tampoco en la construcción de un proyecto alternativo al consenso refrendado por la política transicional (ie, la propuesta de un orden no-neoliberalizado).
Me parece que ambas posturas, por diferentes que puedan verse en un principio, tienen en común el presupuesto ideológico básico de cómo se circunscribe el campo de lo político. Además, me da la impresión de que ambas lecturas tienen como transfondo ideológico diversas formas de liberalismo (con excepción de la UDI, donde las cosas son un tanto más complejas, pero eso no es lo que me interesa ahora). Si por un lado, amplios sectores Piñeristas se posicionan desde un liberalismo económico nada sorprendente, hay otros que, habiendo comulgado con ideas de Marco Enríquez-Ominami, mantienen una creencia en un liberalismo social (precisamente quienes se inflaron como pavos reales - de circo - tras la inclusión de una pseudopareja gay en la franja de Piñera). Por su parte, sólo los sectores más 'radicales' de la Concertación adoptan una postura equiparable con el consenso de la socialdemocracia europea, mientras que el resto del progresismo oscila entre un socialcristianismo asistencialista y un progresismo que no es más que liberalismo con sentimiento de culpa, pero que ante la disyuntiva de salvar a un pobre o a un banco ya sabemos qué hace.
Donde se engañan lxs liberales (de casi todas las variedades) no es tanto en su praxis como en su teoría. Sostengo aquí que el problema del liberalismo es su forma de entender el funcionamiento de la sociedad, las denominaciones de lo político, las articulaciones de la economía con la totalidad de lo social, und so weiter. Al partir de la base de una subjetividad individual y abstracta, dotada de cierta 'naturaleza' (de las que se seguirían derechos inalienables, como la propiedad, la vida y bla bla...), la operación inicial de la elaboración teórica liberal deja fuera de su pensamiento la historicidad como condición de posibilidad de la reflexividad. En otras palabras, no sólo el contenido de la teorización liberal llega a ser a-histórico (los DDHH, por ejemplo, o el mercado como entidad abstracta con leyes autónomas), sino la forma de la reflexión aparece bajo la figura de un observador desencarnado de sus condiciones concretas.
A mi modo de ver, es precisamente este a-historicismo el que imposibilita en última instancia la colaboración política entre liberales/progresistas y la 'izquierda', entendida esta como el conjunto de lxs sujetxs políticxs críticxs de las relaciones de dominación actualmente imperantes. No es ninguna sorpresa que las teorías liberales de la dominación y la opresión sean ridículamente simplistas, pecando casi siempre de un individualismo que llega al paroxismo de la frase famosa de Margaret Thatcher: 'There is no such thing as society, there are only individual men, women, and families...'
Por tomar un ejemplo, la diferencia entre el liberal-progesismo y el liberal-conservadurismo respecto del conflicto mapuche es que a los progres los motiva una mala conciencia, mientras que la derecha diagnostica el problema como uno de: a) seguridad; b) propiedad (en otras palabras, cercena el proceso de opresión de las comunidades, tanto en la brutalidad de las corridas de cerco, la construcción de zanjas y la intrusión policial - violencia subjetiva - como en las consecuencias económicas de la ruralización - violencia objetiva).
¿Qué hacer entonces con el liberalismo?
Me parece que ambas posturas, por diferentes que puedan verse en un principio, tienen en común el presupuesto ideológico básico de cómo se circunscribe el campo de lo político. Además, me da la impresión de que ambas lecturas tienen como transfondo ideológico diversas formas de liberalismo (con excepción de la UDI, donde las cosas son un tanto más complejas, pero eso no es lo que me interesa ahora). Si por un lado, amplios sectores Piñeristas se posicionan desde un liberalismo económico nada sorprendente, hay otros que, habiendo comulgado con ideas de Marco Enríquez-Ominami, mantienen una creencia en un liberalismo social (precisamente quienes se inflaron como pavos reales - de circo - tras la inclusión de una pseudopareja gay en la franja de Piñera). Por su parte, sólo los sectores más 'radicales' de la Concertación adoptan una postura equiparable con el consenso de la socialdemocracia europea, mientras que el resto del progresismo oscila entre un socialcristianismo asistencialista y un progresismo que no es más que liberalismo con sentimiento de culpa, pero que ante la disyuntiva de salvar a un pobre o a un banco ya sabemos qué hace.
Donde se engañan lxs liberales (de casi todas las variedades) no es tanto en su praxis como en su teoría. Sostengo aquí que el problema del liberalismo es su forma de entender el funcionamiento de la sociedad, las denominaciones de lo político, las articulaciones de la economía con la totalidad de lo social, und so weiter. Al partir de la base de una subjetividad individual y abstracta, dotada de cierta 'naturaleza' (de las que se seguirían derechos inalienables, como la propiedad, la vida y bla bla...), la operación inicial de la elaboración teórica liberal deja fuera de su pensamiento la historicidad como condición de posibilidad de la reflexividad. En otras palabras, no sólo el contenido de la teorización liberal llega a ser a-histórico (los DDHH, por ejemplo, o el mercado como entidad abstracta con leyes autónomas), sino la forma de la reflexión aparece bajo la figura de un observador desencarnado de sus condiciones concretas.
A mi modo de ver, es precisamente este a-historicismo el que imposibilita en última instancia la colaboración política entre liberales/progresistas y la 'izquierda', entendida esta como el conjunto de lxs sujetxs políticxs críticxs de las relaciones de dominación actualmente imperantes. No es ninguna sorpresa que las teorías liberales de la dominación y la opresión sean ridículamente simplistas, pecando casi siempre de un individualismo que llega al paroxismo de la frase famosa de Margaret Thatcher: 'There is no such thing as society, there are only individual men, women, and families...'
Por tomar un ejemplo, la diferencia entre el liberal-progesismo y el liberal-conservadurismo respecto del conflicto mapuche es que a los progres los motiva una mala conciencia, mientras que la derecha diagnostica el problema como uno de: a) seguridad; b) propiedad (en otras palabras, cercena el proceso de opresión de las comunidades, tanto en la brutalidad de las corridas de cerco, la construcción de zanjas y la intrusión policial - violencia subjetiva - como en las consecuencias económicas de la ruralización - violencia objetiva).
¿Qué hacer entonces con el liberalismo?
Saturday, 6 February 2010
Letzte Nachrichten
Algunas observaciones sobre acontecimientos de las últimas semanas:
Erstens: Ayer fuimos a Strasßburg (Strasbourg en francés). Visitamos el Parlamento Europeo y demás cosas, pero el problema fue que gracias a un par de retrasos el resto del día fue desastroso. Mal almuerzo, fui a un café y me atendieron pésimo, y sólo tuvimos como media hora libre para dar vueltas por la ciudad. Mañana hay una cata de vino, así que espero que eso esté mejor.
Zweitens: Si no me equivoco, la semana pasada se filtraron noticias (cuya veracidad es hasta el momento ni indesmentible ni inconfirmable) sobre declaraciones de Rolando Jiménez (presidente del Movimiento de Liberación e Integración Homosexual - MOVILH), quien habría sostenido la conveniencia política de mantener la trans-sexualidad como patología, con tal de lograr acercamientos con el gobierno de Piñera. Al respecto, es más que recomendable el artículo de Panchiba en DisidenciaSexual, que también le lleva discusión, pelea, escupo y demases.
Al respecto, estoy de acuerdo con lo que plantea Panchiba al decir que el campo de la diferencia sexual no está dividido de manera horizontal entre 'orientaciones', sino más bien que las diferentes prácticas que se llevan a cabo (podríamos decir, los agenciamientos) dentro de éste están inscritas dentro de una jerarquía. El goce sexual no está igualmente aceptado para todxs, y en ese sentido, hoy una pareja de lelas perfectamente comportadas (residentes en alguna ciudad primermundista) y con una relación estable ocupa un lugar más alto en la pirámide sexual que una puta s/m heterosexual.
La pregunta está, entonces, en cómo es posible llevar adelante una política de disidencia sexual capaz de romper con la hegemonización de la diferencia sexual que han hecho el MOVILH y el MUMS. El problema de sus propuestas no está (solamente) en la victimización que hacen de las 'minorías discriminadas', ni tampoco en los deseos incontrolables de lograr reconocimiento institucional. La cuestión más delicada está en cómo han logrado hacer del sexo, el género, y el deseo un campo 'despolitizado'. Fieles a su espíritu progresista, organizaciones como el MOVILH terminan haciendo mucho por despojar de su carga política a los regímenes sexuales dentro de los cuales nos encontramos. Ni qué decir su brutal omisión de la variable de clase en la situación de lxs Trans (sin la cual no podríamos entender por qué se vuelve necesario dialogar con el Ministerio de Salud). Tal y como lxs 'progres' de la Concertación hablan de reforma laboral sin hablar de clase, el MOVILH habla de Ley Antidiscriminación sin hablar de Heteronormatividad Reproductiva (lo que también explica los silencios en torno a cuestiones de aborto &c).
More to come on this issue...
Erstens: Ayer fuimos a Strasßburg (Strasbourg en francés). Visitamos el Parlamento Europeo y demás cosas, pero el problema fue que gracias a un par de retrasos el resto del día fue desastroso. Mal almuerzo, fui a un café y me atendieron pésimo, y sólo tuvimos como media hora libre para dar vueltas por la ciudad. Mañana hay una cata de vino, así que espero que eso esté mejor.
Zweitens: Si no me equivoco, la semana pasada se filtraron noticias (cuya veracidad es hasta el momento ni indesmentible ni inconfirmable) sobre declaraciones de Rolando Jiménez (presidente del Movimiento de Liberación e Integración Homosexual - MOVILH), quien habría sostenido la conveniencia política de mantener la trans-sexualidad como patología, con tal de lograr acercamientos con el gobierno de Piñera. Al respecto, es más que recomendable el artículo de Panchiba en DisidenciaSexual, que también le lleva discusión, pelea, escupo y demases.
Al respecto, estoy de acuerdo con lo que plantea Panchiba al decir que el campo de la diferencia sexual no está dividido de manera horizontal entre 'orientaciones', sino más bien que las diferentes prácticas que se llevan a cabo (podríamos decir, los agenciamientos) dentro de éste están inscritas dentro de una jerarquía. El goce sexual no está igualmente aceptado para todxs, y en ese sentido, hoy una pareja de lelas perfectamente comportadas (residentes en alguna ciudad primermundista) y con una relación estable ocupa un lugar más alto en la pirámide sexual que una puta s/m heterosexual.
La pregunta está, entonces, en cómo es posible llevar adelante una política de disidencia sexual capaz de romper con la hegemonización de la diferencia sexual que han hecho el MOVILH y el MUMS. El problema de sus propuestas no está (solamente) en la victimización que hacen de las 'minorías discriminadas', ni tampoco en los deseos incontrolables de lograr reconocimiento institucional. La cuestión más delicada está en cómo han logrado hacer del sexo, el género, y el deseo un campo 'despolitizado'. Fieles a su espíritu progresista, organizaciones como el MOVILH terminan haciendo mucho por despojar de su carga política a los regímenes sexuales dentro de los cuales nos encontramos. Ni qué decir su brutal omisión de la variable de clase en la situación de lxs Trans (sin la cual no podríamos entender por qué se vuelve necesario dialogar con el Ministerio de Salud). Tal y como lxs 'progres' de la Concertación hablan de reforma laboral sin hablar de clase, el MOVILH habla de Ley Antidiscriminación sin hablar de Heteronormatividad Reproductiva (lo que también explica los silencios en torno a cuestiones de aborto &c).
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Saturday, 30 January 2010
Kommando Rhino
Me gustan los cafés de Freiburg. Me gusta que cerca de donde vivo haya unxs okupas viviendo en casas rodantes (se llaman Kommando Rhino). Creo que más que gustarme, tanto los cafés como el Kommando Rhino me hacen pensar que es posible el llevar adelante otras formas de realidad (other Lebenswelts) que sean menos opresivas, o que hagan la vida más vivible. Básicamente, constatar empíricamente que las formas de vida que existen en Chile no son, stricto sensu, necesarias.
¿Hay que rehabilitar el humanismo? Y si es así, ¿cómo? ¿en qué dirección? En lo personal no sé si se trata de hacer un nuevo humanismo o de re-descubrir lo que significa la emancipación. There's a thrill and a danger there (cf. Benjamin).
¿Hay que rehabilitar el humanismo? Y si es así, ¿cómo? ¿en qué dirección? En lo personal no sé si se trata de hacer un nuevo humanismo o de re-descubrir lo que significa la emancipación. There's a thrill and a danger there (cf. Benjamin).
Friday, 22 January 2010
22.01.2010
Desarrollar idea: Blumensalat.
Por mientras, puedo decir 'wir fahren fahren fahren auf der Strassen-Bahn!'
Por mientras, puedo decir 'wir fahren fahren fahren auf der Strassen-Bahn!'
Monday, 18 January 2010
Was nun?
Nada en los diarios alemanes sobre la elección ayer. Ninguna sorpresa en eso en realidad. Incluso podríamos decir: tampoco es una sorpresa que Piñera haya resultado electo (hablar aquí de 'ganar' o 'perder' no tiene sentido). Si era imaginable (y altamente probable) que Piñera fuese electo, eso se debe en gran medida a las propias políticas de la Concertación. No en el sentido de 'lo han hecho tan mal, que la derecha no tuvo que esforzarse'; esto es, no han sido los programas y proyectos concretos (AUGE, por ejemplo) los que, al ser mal diseñados o implementados, han generado un voto de protesta/castigo. Menos aún los 'casos de corrupción'.
La elección de Piñera tiene al menos dos líneas causales. Por un lado, el de la política partidaria: no sólo fue la inentendible negativa a las primarias abiertas, sino también la obstinación en la elección del candidato oficialista. Hoy por hoy todxs dicen 'pero por qué Frei si era el peor candidato posible?'. Otra línea tiene que ver, sin embargo, con lo que me parece más interesante e importante. El horizonte político de la Concertación, en tanto ha buscado una aceptación total del consenso (neo)liberal-capitalista, ha construído las bases para su propia caída. Esto es, en la medida en que los términos de la acción (ni qué hablar de la lucha) política se han fijado en torno a ideas de eficiencia, la Concertación ha limitado efectivamente nuestra imaginación política. El problema reside en que la política queda reducida a la lucha por la conformación de bloques políticos tecnocráticos que enarbolan de vez en cuando causas 'morales' o 'valóricas' para tratar de marcar diferencias.
Ahora bien, la pregunta que es pertinente ahora parece haber cambiado. Hoy por hoy, quienes nos ubicamos en 'la Izquierda' (por ambiguo que pueda ser el término), ya no podemos simplemente decir 'Qué hacer?'. La correlación de fuerzas hace imperativa otra pregunta: 'Y qué ahora?', es decir, ¿cómo pensar el futuro? La elección de Piñera no hace sino confirmar la urgencia de una coyuntura reflexiva que nos permita generar, para nosotrxs mismxs, la fuerza crítica necesaria para una lucha mínimamente emancipatoria y transformadora.
El error más grande residiría en leer esto en términos de una 'derrota' de la izquierda. Las lecturas de victoria v/s derrota electoral no hacen sino desviar nuestra atención. En vez de evaluar la política al nivel de la sociedad, la evaluamos en el ritual de lo político. Ello no quiere decir que dichas instancias no puedan ofrecer momentos de cambio político radical, sino más bien que hoy hemos llegado a un estado de negación fetichista ('sé muy bien que votar no cambia nada, pero voto de todos modos'). La pregunta 'Y qué ahora? [Was nun?]' implica pensar en el futuro, en tanto que aquello que aún-no-ha-llegado, es decir, en aquello por-venir. Es en ese espacio en que es urgente buscar nuevas alternativas capaces de unir lo actual con lo venidero.
Por mientras, hay que estar atentxs. El peor error siempre es sobreestimar las fuerzas propias. En la medida en que un gobierno de Piñera sea más de lo mismo, la Izquierda estará en más problemas, por cuanto la fraseología del 'enemigo en el poder' mostrará toda su falta de contenido. Also, die Frage ist, immer noch, 'Was nun?'
La elección de Piñera tiene al menos dos líneas causales. Por un lado, el de la política partidaria: no sólo fue la inentendible negativa a las primarias abiertas, sino también la obstinación en la elección del candidato oficialista. Hoy por hoy todxs dicen 'pero por qué Frei si era el peor candidato posible?'. Otra línea tiene que ver, sin embargo, con lo que me parece más interesante e importante. El horizonte político de la Concertación, en tanto ha buscado una aceptación total del consenso (neo)liberal-capitalista, ha construído las bases para su propia caída. Esto es, en la medida en que los términos de la acción (ni qué hablar de la lucha) política se han fijado en torno a ideas de eficiencia, la Concertación ha limitado efectivamente nuestra imaginación política. El problema reside en que la política queda reducida a la lucha por la conformación de bloques políticos tecnocráticos que enarbolan de vez en cuando causas 'morales' o 'valóricas' para tratar de marcar diferencias.
Ahora bien, la pregunta que es pertinente ahora parece haber cambiado. Hoy por hoy, quienes nos ubicamos en 'la Izquierda' (por ambiguo que pueda ser el término), ya no podemos simplemente decir 'Qué hacer?'. La correlación de fuerzas hace imperativa otra pregunta: 'Y qué ahora?', es decir, ¿cómo pensar el futuro? La elección de Piñera no hace sino confirmar la urgencia de una coyuntura reflexiva que nos permita generar, para nosotrxs mismxs, la fuerza crítica necesaria para una lucha mínimamente emancipatoria y transformadora.
El error más grande residiría en leer esto en términos de una 'derrota' de la izquierda. Las lecturas de victoria v/s derrota electoral no hacen sino desviar nuestra atención. En vez de evaluar la política al nivel de la sociedad, la evaluamos en el ritual de lo político. Ello no quiere decir que dichas instancias no puedan ofrecer momentos de cambio político radical, sino más bien que hoy hemos llegado a un estado de negación fetichista ('sé muy bien que votar no cambia nada, pero voto de todos modos'). La pregunta 'Y qué ahora? [Was nun?]' implica pensar en el futuro, en tanto que aquello que aún-no-ha-llegado, es decir, en aquello por-venir. Es en ese espacio en que es urgente buscar nuevas alternativas capaces de unir lo actual con lo venidero.
Por mientras, hay que estar atentxs. El peor error siempre es sobreestimar las fuerzas propias. En la medida en que un gobierno de Piñera sea más de lo mismo, la Izquierda estará en más problemas, por cuanto la fraseología del 'enemigo en el poder' mostrará toda su falta de contenido. Also, die Frage ist, immer noch, 'Was nun?'
Tuesday, 12 January 2010
Illuminations, pp. 187-188
"What was inevitably felt to be inhuman, one might even say deadly, in daguerrotypy was the (prolongued) looking into the camera, since the camera records our likeness without returning our gaze. but looking at someone carries the implicit expectacion that our look will be returned by the object of our gaze" ("On some motifs in Baudelaire")
Te odio Benjamin por ser tan seco.
Te odio Benjamin por ser tan seco.
Saturday, 9 January 2010
Friday, 8 January 2010
Recomendación musical
Escuche a Bach. No es que le haga bien a la salud, pero escúchelo igual, porque el barroco hoy no le hace mal a nadie.
Tuesday, 5 January 2010
Muerte al liberalismo!
La situación política actual de Chile pone en evidencia brutal no sólo el fracaso de una izquierda crítica (ni qué decir anticapitalista o antisistémica) de lograr aparecer como alternativa política, sino cómo incluso la izquierda y centroizquierda sistémica han debido ceder frente a un consenso liberal. "Lo que pasa", me decía una profesora la semana pasada, "es que estamos en un escenario de derrota. Esto no es los años 60, donde se podía elegir entre proyectos claros. No! Estamos como en los 20, en un contexto de derrota de la izquierda. Y lo que se podría venir es mucho peor que la Concerta".
Mi problema no es tanto con el nivel de certidumbre que tiene ese diagnóstico (mucho de eso es bastante real, qué duda cabe). El problema está: ¿qué tanto daño le hará a segmentos 'de izquierda' el apoyar (reluctantly as it may be) a Frei? Panchiba, unx de lxs muchxs devenires sexuales de la CUDS, escribió recientemente una columna desde el punto de vista de las organizaciones LGBT. Las conclusiones son ambiguas, pero hay un punto interesante: la facilidad con que la institucionalidad de la 'diferencia sexual' le ha entregado el poto a Frei. El problema radica en que ahí todxs sabemos que hay un voto cautivo: los fletos piñeristas son minoría, y posiblemente no votan.
No estoy llamando en ningún caso a llevar adelante una agudización de conflicto. El análisis de la correlación de fuerzas muestra que en estos momentos no hay posibilidad de liderar (desde la izquierda radical) un bloque hegemónico de oposición al Piñerismo-en-gobierno. Por el contrario, la lucha seguramente se generaría entre liberal-progresismo y liberal-conservadurismo. Entre neoliberalismo con o sin píldora en consultorios. Y estos no son temas menores, pero ciertamente desvían la atención del hecho patente: hemos cedido a la lógica de las sociedad política y económicamente liberales. La experiencia nos muestra que es muy razonable suponer que estos problemas (llamados 'valóricos') eventualmente se resolverán a favor del liberal-progresismo. Lo que no nos muestra es cómo, cediendo qué cosas, generando qué formas nuevas de opresión.
Leía una columna de Juan Carlos Eicholz, un tipo que ralla con el asunto del liderazgo. Y es tétrico cómo los liberales de su calaña tienen un presentismo a ultranza. Se trata de dejar de lado la "primera transición" y pasar al "país de todos" (en el fondo, liberal-conservadurismo: la idea de la unidad nacional orgánica, el país como familia). Que Piñera hable de "sumarse" evidencia la clásica alienación de la política: presentarse públicamente como una actividad noble, cuando en el fondo todxs sabemos que no será "la ciudadanía" (menos aún "el pueblo") quien gobernará, sino lxs mismxs de siempre en sus sillones de directorio.
Lo que busca el liberalismo es hacer una política vaciada de la dimensión más cruda del poder: el conflicto, la tensión, la friccionalidad. Una política profesional, no disputacional; no relacional sino técnica; no emancipatoria, sino del "entusiasmo, la energía, la garra". La pregunta que me hago ahora es, ¿hasta cuándo hay que hacer alianzas estratégicas con el liberal-progesismo? ¿Hasta cuándo seguir escondiendo las propias debilidades en el mal menor? ¿Hasta qué punto retrasar una praxis emancipatoria y radical porque el horizonte se nubla con los jinetes del apocalipsis?
(Continuará...)
Mi problema no es tanto con el nivel de certidumbre que tiene ese diagnóstico (mucho de eso es bastante real, qué duda cabe). El problema está: ¿qué tanto daño le hará a segmentos 'de izquierda' el apoyar (reluctantly as it may be) a Frei? Panchiba, unx de lxs muchxs devenires sexuales de la CUDS, escribió recientemente una columna desde el punto de vista de las organizaciones LGBT. Las conclusiones son ambiguas, pero hay un punto interesante: la facilidad con que la institucionalidad de la 'diferencia sexual' le ha entregado el poto a Frei. El problema radica en que ahí todxs sabemos que hay un voto cautivo: los fletos piñeristas son minoría, y posiblemente no votan.
No estoy llamando en ningún caso a llevar adelante una agudización de conflicto. El análisis de la correlación de fuerzas muestra que en estos momentos no hay posibilidad de liderar (desde la izquierda radical) un bloque hegemónico de oposición al Piñerismo-en-gobierno. Por el contrario, la lucha seguramente se generaría entre liberal-progresismo y liberal-conservadurismo. Entre neoliberalismo con o sin píldora en consultorios. Y estos no son temas menores, pero ciertamente desvían la atención del hecho patente: hemos cedido a la lógica de las sociedad política y económicamente liberales. La experiencia nos muestra que es muy razonable suponer que estos problemas (llamados 'valóricos') eventualmente se resolverán a favor del liberal-progresismo. Lo que no nos muestra es cómo, cediendo qué cosas, generando qué formas nuevas de opresión.
Leía una columna de Juan Carlos Eicholz, un tipo que ralla con el asunto del liderazgo. Y es tétrico cómo los liberales de su calaña tienen un presentismo a ultranza. Se trata de dejar de lado la "primera transición" y pasar al "país de todos" (en el fondo, liberal-conservadurismo: la idea de la unidad nacional orgánica, el país como familia). Que Piñera hable de "sumarse" evidencia la clásica alienación de la política: presentarse públicamente como una actividad noble, cuando en el fondo todxs sabemos que no será "la ciudadanía" (menos aún "el pueblo") quien gobernará, sino lxs mismxs de siempre en sus sillones de directorio.
Lo que busca el liberalismo es hacer una política vaciada de la dimensión más cruda del poder: el conflicto, la tensión, la friccionalidad. Una política profesional, no disputacional; no relacional sino técnica; no emancipatoria, sino del "entusiasmo, la energía, la garra". La pregunta que me hago ahora es, ¿hasta cuándo hay que hacer alianzas estratégicas con el liberal-progesismo? ¿Hasta cuándo seguir escondiendo las propias debilidades en el mal menor? ¿Hasta qué punto retrasar una praxis emancipatoria y radical porque el horizonte se nubla con los jinetes del apocalipsis?
(Continuará...)
Sunday, 3 January 2010
Crueldad animal modernista
"[Macallister's boy took one of the fish and cut a square out of its side to bait his hook with. The mutilated body (it was alive still) was thrown back into the sea.]"
Virginia Woolf, To the lighthouse, London, Vintage books, 2004, p. 171
Virginia Woolf, To the lighthouse, London, Vintage books, 2004, p. 171
Saturday, 2 January 2010
¿Bicentenario?
"Hegel bemerkte irgendwo, dass alle grosse weltgeschichtlichen Tatsachen und Personen sich sozusagen zweimal ereignen. Er hat vergessen, hinzufügen: das eine Mal als Tragödie, das andere Mal als Farce" [Hegel señala en alguna parte, que todos los grandes hechos y personas de la historia universal ocurren dos veces. Olvidó agregar: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa] Karl Marx (El 18 Brumario de Louis Bonaparte).
Esta es, seguramente, una de las frases más conocidas y citadas de Marx. Y estando, como estamos, ya en el 'año Bicentenario', cabe preguntarse, ¿ocurrirá aquí lo mismo?.
Un examen rápido de la situación de las celebraciones del primer centenario tendría que reconocer una situación de crisis generalizada: movilización y protesta social en alza (no obstante la masacre de 1907), una transición al capitalismo que venía ya generando niveles progresivos de miseria y pauperización, una élite política entrampada en sus propios conflictos internos y su eurofilia galopante, un clima intelectual que hablaba de decadencia y que se preguntaba por el lugar de la nación dentro de esta nueva coyuntura, una Europa en colonialismo rampante y curso de colisión imperialista hacia la I Guerra.
Por cierto, las cosas hoy no son exactamente iguales, pero tampoco podemos dejar de reconocer similitudes notorias. El hecho es que hoy conviven una institucionalidad de 'democracia automática' (en donde nadie está votando por los candidatos) junto a un capitalismo que profundiza cada vez más las desigualdades sociales (creando nuevas formas de alienación). Al mismo tiempo, ambos bloques políticos hoy en pugna presidencial pretenden presentarse a sí mismos como opciones de cambio, rejuvenecimiento, dignificación de la política, et-c, poniendo en evidencia su fatal ignorancia del contexto en que están. "Sie tun es, aber sie wissen es nicht". Sumemos la reacción impertérrita de los presidentes del PS y la DC después de la primera vuelta (pretendiendo ofrecer las renuncias después del 23 de enero), y la insistencia de Piñera en mantenerse en su negocios.
¿Estamos caminando hacia una crisis? No sé cómo responder. En cierta forma, ya estamos en una crisis, pero para lxs escépticxs, me parece posible sostener la idea de una crisis-por-venir. A fin de cuentas, las clases políticas latinoamericanas no parecían anticipar las sucesivas crisis que vinieron desde 1910 en adelante. No obstante, lo cierto es que hoy todo el mundo aparece más preocupado de salir en la foto, cortar la cinta, lanzar fuegos artificiales, y colgarse del Bicentenario a como dé lugar. Ahí las cosas no han cambiado mucho. Hay que ver si es que algo como la Revolución mexicana del s. XXI aparece por algún lado.
Esta es, seguramente, una de las frases más conocidas y citadas de Marx. Y estando, como estamos, ya en el 'año Bicentenario', cabe preguntarse, ¿ocurrirá aquí lo mismo?.
Un examen rápido de la situación de las celebraciones del primer centenario tendría que reconocer una situación de crisis generalizada: movilización y protesta social en alza (no obstante la masacre de 1907), una transición al capitalismo que venía ya generando niveles progresivos de miseria y pauperización, una élite política entrampada en sus propios conflictos internos y su eurofilia galopante, un clima intelectual que hablaba de decadencia y que se preguntaba por el lugar de la nación dentro de esta nueva coyuntura, una Europa en colonialismo rampante y curso de colisión imperialista hacia la I Guerra.
Por cierto, las cosas hoy no son exactamente iguales, pero tampoco podemos dejar de reconocer similitudes notorias. El hecho es que hoy conviven una institucionalidad de 'democracia automática' (en donde nadie está votando por los candidatos) junto a un capitalismo que profundiza cada vez más las desigualdades sociales (creando nuevas formas de alienación). Al mismo tiempo, ambos bloques políticos hoy en pugna presidencial pretenden presentarse a sí mismos como opciones de cambio, rejuvenecimiento, dignificación de la política, et-c, poniendo en evidencia su fatal ignorancia del contexto en que están. "Sie tun es, aber sie wissen es nicht". Sumemos la reacción impertérrita de los presidentes del PS y la DC después de la primera vuelta (pretendiendo ofrecer las renuncias después del 23 de enero), y la insistencia de Piñera en mantenerse en su negocios.
¿Estamos caminando hacia una crisis? No sé cómo responder. En cierta forma, ya estamos en una crisis, pero para lxs escépticxs, me parece posible sostener la idea de una crisis-por-venir. A fin de cuentas, las clases políticas latinoamericanas no parecían anticipar las sucesivas crisis que vinieron desde 1910 en adelante. No obstante, lo cierto es que hoy todo el mundo aparece más preocupado de salir en la foto, cortar la cinta, lanzar fuegos artificiales, y colgarse del Bicentenario a como dé lugar. Ahí las cosas no han cambiado mucho. Hay que ver si es que algo como la Revolución mexicana del s. XXI aparece por algún lado.
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