Monday, 23 May 2011
Monday, 9 May 2011
Por cada Hidroaysén...
Decir que la aprobación lograda por el proyecto Hidroaysén hoy era inesperada es pecar de ingenuidad. Toda medida hasta ahora ha sido insuficiente para detener el proyecto. Que hay intereses cruzados y personas que votan con el ojo en su bolsillo (o en el de su cuñadx, hermanx, familiar y/o amigx) también es sabido hace un buen tiempo. Ni qué decir de la cobertura de los principales medios de comunicación (el affaire de El Mostrador no deja de ser ejemplar al respecto).
La retórica ecologista nunca ha sido una gran aglutinadora de masas. Y es de esperar que esta vez tampoco lo sea. Personalmente, no confío mucho en el discurso ecologista como núcleo desde donde articular la oposición; la facilidad con la que parecen satisfacerse las demandas multitudinarias produce una rápida dispersión de las fuerzas sociales. Una vez que se dice 'no' a un proyecto polémico, cada unx vuelve a su casa y a sus intereses/luchas particulares. No quiere esto decir que el camino suicida en el que se encuentra el capitalismo mundial (en términos del agotamiento de todo factor productivo a costa del capital) no pueda producir un movimiento político a partir de la ecología. Sólo me parece que, en la situación actual, una articulación a partir conflictos ecológicos particulares constituye una alternativa débil para hacer frente a algo más que el cuco de los empresarios contaminadores.
Pensar en cómo superar estas limitaciones es el desafío. Y creo que quizás hoy el camino pueda ser en pensar y en actuar desde un afecto, más que desde un movimiento determinado (v.g., Patagonia sin represas). Hidroaysén no es ni la peor ni la única manifestación de lo que sostiene el entramado de relaciones que regulan hoy la vida en común. Si del capitalismo neolibral chilensis se trata, me parece que ya la situación se ha deteriorado tanto, la izquierda se ha deteriorado tanto, los lazos y frotes sociales se han deteriorado tanto, que lo mejor parece ser la indignación. No lo único ni lo definitivo, pero quizás lo mejor.
Movilizar los afectos y movilizarse. Tal vez sea la táctica para reconstituir la comunidad inoperante en que nos hemos convertido. Indignarse, marchar, manifestar que ya no hay por qué (que nunca hubo razones para) aguantar que las cosas se hagan a las espaldas de quienes no nos sentamos en ningún sillón de cuero de $3.700.000, ni de menos. Que estamos chatxs que la gente que se llena los bolsillos de plata no tenga el más mínimo descaro en escupirnos en la cara a la hora de votar un proyecto así de indigno. Que tampoco confiamos en que la Concertación venga a salvar el día, porque en estas cosas también se pareció al gobierno. Que no hay por qué aguantar que se roben y echen a perder lo que no es de nadie, por muchos títulos y papeles que digan tener lxs Matte, lxs Piñera, lxs Hinzpeter, lxs Golborne, et. al. Que el elástico no puede estirarse para siempre. Que las crisis no se van a terminar porque paguen un bono o un 'postnatal' o tiren un par de chauchas más para que la educación privada gane más, y de paso se ponga más privada.
Cada Hidroaysén es una gota que tiene que derramar el vaso. Estamos en el momento en que los condicionales se vuelven un lujo, en que no es especulación y teoría lo que sobran, sino que faltan las que movilizan. Y frente a falta del discurso articulado y racional, la indignación. En vez del libre juego de la escritura, la indignación. O quizás, mejor, junto a la escritura la indignación; junto a la protesta, la indignación; junto a las miles de conversaciones que faltan, la indignación; junto a los proyectos que siguen ausentes, la indignación; junto a la crítica, la indignación; junto a la solidaridad, la indignación. Juntxs todxs, avergonzadxs de lo que llaman 'patria', enrabiadxs, frustradxs, decepcionadxs, furiosxs. Pero antes que otra cosa, juntxs. E indignadxs.Saturday, 23 April 2011
Ironía
Thursday, 21 April 2011
Friday, 1 April 2011
Fruta
Monday, 21 March 2011
Fran Lebowitz
Saturday, 12 March 2011
Apfelstrudel
Friday, 11 March 2011
Una vez más, terremoto
Tuesday, 8 March 2011
Wednesday, 2 March 2011
Apply
Sunday, 27 February 2011
Wednesday, 23 February 2011
¿A dónde mirar?
Preguntas parecidas podrían hacerse en el caso de Libia. El país gobernado por Muamar Gaddafi ha sido el lugar de intensas manifestaciones y de lo que parece encaminarse a una guerra civil. Al menos eso es lo que pienso cuando leo las noticias sobre enfrentamientos entre ejército y civiles: cientos de muertos, bombardeos a manifestantes, dimisión de ministros, deserción de pilotos que se niegan a cumplir órdenes. Ha habido pronunciamientos del Consejo de Seguridad de la ONU, la Unión Europea estudia sanciones, e incluso el gobierno de Chile (¡vaya sorpresa!) se ha declarado en contra de la brutal represión del régimen de Gaddafi.
En la fértil provincia, en cambio, la situación parece ser todo menos convulsa. Lo más polémico a estas alturas es la posible reapertura del caso Karadima, junto a la sumisión que el gobierno manifestó frente a la UDI por la eventual destitución de Jacqueline van Rysselberghe. O, quizás, sea más atractivo para la opinión pública quién será el próximo DT de la Selección de football, la reina del Festival de Viña, &c &c. Otros temas han quedado, para variar, de lado: las sentencias de los activistas mapuche que protagonizaron la huelga de hambre, el alza del precio del Transantiago, la inflación, el alza del precio de los alimentos, las deudas pendientes tras el terremoto, la polémica por los proyectos energéticos recientemente aprobados (Isla Riesco), la sostenida campaña del terror de Hidroaysén, &c &c. El receso veraniego ha puesto en suspenso cualquier intento por movilizarse, y el tradicional arreglo de los flujos de información en los medios de comunicación no hace mucho por cambiar el asunto.
Al saber de lo que pasa en países como Túnez, Egipto, Bahrein, y Libia, no puedo sino sentir angustia y ansiedad al mismo tiempo. Las movilizaciones han tenido un distintivo carácter popular, a la vez que social y democrático en los sentidos más convencionales. En los aspectos políticos, el futuro es equívoco, pero las demandas claras: los regímenes tienen que cambiar, el Estado debe ser reformulado, las relaciones de poder deben reordenarse. Describir los procesos (con todas sus limitaciones y contradicciones internas) como esperanzadores es entre cursi y eufemístico. Pero me cuesta pensar en otro calificativo. En un marco de expectativas tan anquilosado como el de Chile, la aparición de tales 'estallidos populares' es una inyección de utopismo político que hace siempre falta. ¿Cómo hacer para trasladar esa forma de "reconocimiento universal" (Zizek) al espacio de acá? ¿Es posible desenmarcar los procesos políticos de sus contextos inmediatos de referencia, para luego re-enmarcarlos en un contexto que se sienta como 'propio'? ¿Qué hace que sociedades que consideraríamos como despolitizadas y deshumanizadas como las del 'mundo árabe' logren abrir estos espacios de oportunidad política revolucionaria?
Ocurren aquí al menos dos fenómenos. En primer lugar, es un error pensar que las movilizaciones son el resultado de un espontaneísmo de las multitudes que demandan democracia. Los países en cuestión no están habitados por una masa uniforme de sujetos con ocho esposas cubiertas con burkhas. Ni tampoco es el caso que los ciudadanos estén completamente privados de cualquier noción política. Por el contrario, están más politizadxs que nadie, al punto de estar dispuestxs a morir por una causa en apariencia simple, pero que esconde una densidad de posibilidades radicales. En segundo lugar, como consecuencia de lo anterior, me parece necesario sentirnos intepeladxs de manera urgente por las revoluciones populares del mundo árabe. El problema radica en no pensar que la interpelación debe traducirse en un transplante de métodos y tácticas (ni siquiera, podría pensarse, de estrategias). Si creemos que debemos importar las fórmulas de movilización masiva que hicieron caer a Mubarak, no haremos sino repetir los errores de la izquierda que miró primero a Moscú y luego a La Habana, antes que a sus propios espacios. Lo que sí hay que transplantar (pero no se me ocurre el modo) es lo que en alemán recibe la denominación de Zivilcourage; lo que necesitamos más que nunca es la valentía política de estar dispuestxs a morir por vivir de otra manera.
Cierto, no estamos bajo una dictadura como la de Gaddafi o Mubarak. Pinochet ya no está en La Moneda, al menos no su cuerpo físico. Pero el cuerpo político de Pinochet, el espíritu de Pinochet, sigue ahí dando vueltas. "Todxs tenemos un pequeño Pinochet dentro". Así parece ser. ¿No es suficiente acaso un alza tan brutal en el precio de la vida para salir a mostrar el descontento? A mí al menos me parece así. Pero no ocurre. Nada ocurre en el país. Nada que parezca importar, nada por lo cual irse a las manos, nada que escape de una rutina televisiva y farandulesca, nada por lo cual querer tirarse de un octavo piso. Nada de eso. O tal vez me equivoco, y sí hay de eso, pero no de lo que a mí me gustaría, porque la gente sí se va a las manos por el football y por el Festival de Viña. Por eso creo que necesitamos más que nunca algo, un poquito que sea, del valor árabe.
Cuántxs no morirían de vergüenza al ser martirizadxs hoy.
Sunday, 20 February 2011
Cosas de febrero
Mañana, también, sube el pasaje de la micro. Un asco. $620 el Metro en horario punta, lo que quiere decir que alguien que sólo va y vuelve de trabajar todos los días de la semana gastará $24.800 en transporte.
Debería acabarse ya este mes.
Saturday, 19 February 2011
Monday, 14 February 2011
Temáticas (recurrentes)
Sunday, 13 February 2011
Sonnenbrille
La próxima semana...
Favores que no son tan favores
Aquí nadie se debe nada.