Wednesday, 30 November 2011
Cosas Sesegen
Ha salido bacán el mes de la Sesegen, también llamado "QUEERíatrevía. Mes de la desobediencia sexual". Básicamente, un ciclo de cine y algunas actividades anexas (como un taller de BDSM). El viernes es el carrete de cierre, y hay ene gente prendiendo con el asunto. Ojalá salga bien. Para que no salgan pelando que no hacemos política y somos puro maraquear.
Sunday, 27 November 2011
Fesh
Por primera vez en mi vida universitaria, no sé por quién votar para las elecciones de la FECh. Ni por el consejero ni para la mesa. Curiosa sensación del no querer anular. Pero a la vez, me da la impresión de que nadie hace el más mínimo esfuerzo para convencer. O bien le hablan a lxs convencidxs o bien le hablan a gente que debieran convencer, pero que ni siquiera es parte de la universidad (la prensa, entre varios otros).
Thursday, 24 November 2011
Tuesday, 22 November 2011
Thursday, 17 November 2011
(¿Nuevas?) polémicas sobre política, democracia, y representación: hablar de, hablar por, hablar con (o sencillamente, no hablar)
Bien por los textos, o eso pensaría uno en primer lugar, al ver el estado actual del debate al interior de la CEFH. La verdad de las cosas, considero una buena señal que la discusión no se dé exclusivamente en las conversaciones de pasillo o en intervenciones (eternas algunas de ellas, fomes otras) de asamblea. Bien por los textos, sí, pero me da la impresión que hay una atmósfera que se tensa aún más mediante estos gestos de formación de un espacio público 'a la antigua', en el espacio de la escritura.
Sólo por revisar la polémica última, en el texto de Alfonso Pizarro me topo con frases del tipo "Recientemente un comapñero escribió un muy mal argumentado texto en donde ni si quiera el título se condice con su contenido" o "De estudiantes de la facultad de filosofía y humanidades es espera más". ¿Qué se ataca con formulaciones así? ¿Qué política hay en esta escritura, y qué política está detrás de esta escritura? Ni qué decir tiene que el no ser capaz de identificar en momento alguno al interlocutor (Luis Guichard) es parte adicional del paternalismo que sustenta tales expresiones. Por lo demás, si vamos a hablar de textos mal argumentados, le recomendaría a Alfonso que no escupiera al cielo y se preocupe de revisar varias erratas, pues, si mi suposición no está errada, su política escritural está lejos de las disquisiciones post-estructuralistas o neovanguardistas que 'interrumpen la sintaxis' o desordenan los regímenes lingüísticos como estrategia de intervención y crítica del sentido. "De estudiantes que se van a Berkeley se espera más".
Sea como fuere, me preocupan más los términos del debate que asuntos más cruda y angustiantemente domésticos. Voto en urna o a mano alzada son a mi parecer síntomas de desacuerdos sobre qué entendemos por política, por cómo pensamos que hay que hacer política, qué horizontes le damos a la democracia (y si es que tenemos o no un acuerdo sobre aquello de lo que se trataría la democracia), qué idea de representación establecemos a partir de nuestras formas de organización, y un larguísimo &c. Creo que pueden identificarse algunos núcleos temáticos de disputa en los textos de Luis y de Alfonso (no he podido leer el de Nadine Fauré), e intentaré discutir en torno a y junto con ellos.
Primeramente, el asunto de la representatividad. Ciertamente, nos hace falta una discusión un poco más esclarecedora de las relaciones entre representación y política, entre representación y espacios de organización. Lo cierto es que representación y democracia no tienen por qué ser sinónimos, más todavía cuando tenemos arranques como el de Ena von Baer ("Si es que tú crees que tienes más representatividad... Yo represento a un sector de la ciudadanía que es muy importante"), que tensionan la idea de que hablar de representatividad (o arrogársela) es algo democrático. Por lo demás, ¿quién representa a quién, y quién se representa a sí mismo? El ejercicio, retórico a estas alturas, de decir "es que hay compañerxs en las asambleas que no hablan", "la inmensa mayoría de los estudiantes que no votan", se ha vuelto históricamente una forma de apropiarse de la voz de quienes brillan por su ausencia, cometiendo la misma violencia representacional de la que se acusa. A su vez, no creo que una asamblea general sea una instancia de representación en donde cualquier mediación desaparece, y todxs podemos hablar de manera prístina. Las condiciones de posibilidad de ese espacio traicionan cualquier inmediatez que se le quiera imputar, pero no habilitan un desmontaje de sus potencialidades políticas.
¿A qué limitamos la democracia? Me parece que el texto de Alfonso tiene una obsesión con los procedimientos, al punto en que multiplica majaderamente (en su texto principal como en los comentarios que acompañan) el término "dogmatismo metodológico". Ciertamente, Luis se hace cargo de los 'métodos', privilegiando la discusión y los consensos a los que nos llevarían las asambleas. No me termino de convencer de esta apreciación, en particular por la virulencia que han tenido algunas asambleas, pienso en particular en la discusión sobre el cierre de semestre. No obstante, la idea de que la democracia es más que sólo votar y decidir votando lo que vamos a hacer me parece tremendamente relevante en esto. El que nos quebremos la cabeza discutiendo sobre si votar en urna o a mano alzada tiene que ver, propongo, con formas de entender la democracia que se van presentando a sí mismas, poco a poco, como incompatibles. Por lo demás, la cuestión de los números y la participación está en el corazón del asunto: ¿vale más una democracia donde vota más gente o sólo aquella en donde se puede participar? ¿Se trata de métodos únicamente? ¿No lleva aparejado un procedimiento, en tanto 'forma de hacer', cosas que pueden y no pueden hacerse? ¿Es la democracia una forma universalmente válida y transhistórica (i.e., no atada a contextos ni procesos) de organizarse?
Todo esto termina por convocar, a mi gusto, el problema de la política y la experiencia. Si leo correctamente a Luis, quien sostiene que "si nos guiáramos por la gran pasividad y desmovilización de los últimos años, entonces difícilmente podríamos pensar siquiera en construir poder popular necesario para enfrentarnos a las políticas que tienen a la educación en la cuerda floja", entonces me parece que el asunto anterior se vuelve más dramáticamente claro. Aún si pensamos que la democracia es una procedimiento ¿para qué queremos la democracia? Si es que Alfonso también entiende que no se hace política de la nada, y que "es responsabilidad de la gente que queremos estar movilizada y apoyar el movimiento el ir a generar conciencia a los demás", ¿por qué señalar al mismo tiempo que " si la mayoría no quisiera estar movilizada, ni en paro, ni en toma, ni apoyar el movimiento estudiantil, entonces no estaríamos en ningún derecho de utilizar esos espacios"?
Veo aquí un problema capital: la transformación de un estado de cosas en otro estado de cosas. En definitiva, el problema del cambio histórico. La cuestión en disputa es cómo lo hacemos para llevar a cabo un cambio histórico, vale decir, cómo hacemos política. Y si ese es el tema, no podría concordar con Alfonso en lo último, porque pensar que debiésemos dejar las cosas tal cual porque nadie hace nada no es sino colaborar con la perpetuación de la hegemonía hoy existente. Reproducirla. "Hacerle la pega a la derecha", si es que se quiere. En esto, no puedo sino pensar en la lucidez de Beatriz Sarlo: "lo dado es la condición de una acción futura, no su límite". Desde ese punto de vista, el acierto que podría tener el hablar de "nueva normalidad" (horizonte posible de una hegemonía distinta a la que hoy existe) termina siendo desautorizado por la práctica misma de una normalidad que, al no reconocer que hemos atravesado un punto de no retorno, apenas y maquilla lo que había antes, haciendo una breve voladera de luces, y quizás fuegos artificiales. Pobreza de show.
Sólo por revisar la polémica última, en el texto de Alfonso Pizarro me topo con frases del tipo "Recientemente un comapñero escribió un muy mal argumentado texto en donde ni si quiera el título se condice con su contenido" o "De estudiantes de la facultad de filosofía y humanidades es espera más". ¿Qué se ataca con formulaciones así? ¿Qué política hay en esta escritura, y qué política está detrás de esta escritura? Ni qué decir tiene que el no ser capaz de identificar en momento alguno al interlocutor (Luis Guichard) es parte adicional del paternalismo que sustenta tales expresiones. Por lo demás, si vamos a hablar de textos mal argumentados, le recomendaría a Alfonso que no escupiera al cielo y se preocupe de revisar varias erratas, pues, si mi suposición no está errada, su política escritural está lejos de las disquisiciones post-estructuralistas o neovanguardistas que 'interrumpen la sintaxis' o desordenan los regímenes lingüísticos como estrategia de intervención y crítica del sentido. "De estudiantes que se van a Berkeley se espera más".
Sea como fuere, me preocupan más los términos del debate que asuntos más cruda y angustiantemente domésticos. Voto en urna o a mano alzada son a mi parecer síntomas de desacuerdos sobre qué entendemos por política, por cómo pensamos que hay que hacer política, qué horizontes le damos a la democracia (y si es que tenemos o no un acuerdo sobre aquello de lo que se trataría la democracia), qué idea de representación establecemos a partir de nuestras formas de organización, y un larguísimo &c. Creo que pueden identificarse algunos núcleos temáticos de disputa en los textos de Luis y de Alfonso (no he podido leer el de Nadine Fauré), e intentaré discutir en torno a y junto con ellos.
Primeramente, el asunto de la representatividad. Ciertamente, nos hace falta una discusión un poco más esclarecedora de las relaciones entre representación y política, entre representación y espacios de organización. Lo cierto es que representación y democracia no tienen por qué ser sinónimos, más todavía cuando tenemos arranques como el de Ena von Baer ("Si es que tú crees que tienes más representatividad... Yo represento a un sector de la ciudadanía que es muy importante"), que tensionan la idea de que hablar de representatividad (o arrogársela) es algo democrático. Por lo demás, ¿quién representa a quién, y quién se representa a sí mismo? El ejercicio, retórico a estas alturas, de decir "es que hay compañerxs en las asambleas que no hablan", "la inmensa mayoría de los estudiantes que no votan", se ha vuelto históricamente una forma de apropiarse de la voz de quienes brillan por su ausencia, cometiendo la misma violencia representacional de la que se acusa. A su vez, no creo que una asamblea general sea una instancia de representación en donde cualquier mediación desaparece, y todxs podemos hablar de manera prístina. Las condiciones de posibilidad de ese espacio traicionan cualquier inmediatez que se le quiera imputar, pero no habilitan un desmontaje de sus potencialidades políticas.
¿A qué limitamos la democracia? Me parece que el texto de Alfonso tiene una obsesión con los procedimientos, al punto en que multiplica majaderamente (en su texto principal como en los comentarios que acompañan) el término "dogmatismo metodológico". Ciertamente, Luis se hace cargo de los 'métodos', privilegiando la discusión y los consensos a los que nos llevarían las asambleas. No me termino de convencer de esta apreciación, en particular por la virulencia que han tenido algunas asambleas, pienso en particular en la discusión sobre el cierre de semestre. No obstante, la idea de que la democracia es más que sólo votar y decidir votando lo que vamos a hacer me parece tremendamente relevante en esto. El que nos quebremos la cabeza discutiendo sobre si votar en urna o a mano alzada tiene que ver, propongo, con formas de entender la democracia que se van presentando a sí mismas, poco a poco, como incompatibles. Por lo demás, la cuestión de los números y la participación está en el corazón del asunto: ¿vale más una democracia donde vota más gente o sólo aquella en donde se puede participar? ¿Se trata de métodos únicamente? ¿No lleva aparejado un procedimiento, en tanto 'forma de hacer', cosas que pueden y no pueden hacerse? ¿Es la democracia una forma universalmente válida y transhistórica (i.e., no atada a contextos ni procesos) de organizarse?
Todo esto termina por convocar, a mi gusto, el problema de la política y la experiencia. Si leo correctamente a Luis, quien sostiene que "si nos guiáramos por la gran pasividad y desmovilización de los últimos años, entonces difícilmente podríamos pensar siquiera en construir poder popular necesario para enfrentarnos a las políticas que tienen a la educación en la cuerda floja", entonces me parece que el asunto anterior se vuelve más dramáticamente claro. Aún si pensamos que la democracia es una procedimiento ¿para qué queremos la democracia? Si es que Alfonso también entiende que no se hace política de la nada, y que "es responsabilidad de la gente que queremos estar movilizada y apoyar el movimiento el ir a generar conciencia a los demás", ¿por qué señalar al mismo tiempo que " si la mayoría no quisiera estar movilizada, ni en paro, ni en toma, ni apoyar el movimiento estudiantil, entonces no estaríamos en ningún derecho de utilizar esos espacios"?
Veo aquí un problema capital: la transformación de un estado de cosas en otro estado de cosas. En definitiva, el problema del cambio histórico. La cuestión en disputa es cómo lo hacemos para llevar a cabo un cambio histórico, vale decir, cómo hacemos política. Y si ese es el tema, no podría concordar con Alfonso en lo último, porque pensar que debiésemos dejar las cosas tal cual porque nadie hace nada no es sino colaborar con la perpetuación de la hegemonía hoy existente. Reproducirla. "Hacerle la pega a la derecha", si es que se quiere. En esto, no puedo sino pensar en la lucidez de Beatriz Sarlo: "lo dado es la condición de una acción futura, no su límite". Desde ese punto de vista, el acierto que podría tener el hablar de "nueva normalidad" (horizonte posible de una hegemonía distinta a la que hoy existe) termina siendo desautorizado por la práctica misma de una normalidad que, al no reconocer que hemos atravesado un punto de no retorno, apenas y maquilla lo que había antes, haciendo una breve voladera de luces, y quizás fuegos artificiales. Pobreza de show.
Sunday, 13 November 2011
Moderno/Postmoderno
Sobre las Jornadas de Historia de Chile, me quedo con la respuesta a una pregunta en un panel sobre historiografía postmoderna: "Señalar que hay más de una modernidad, ya es postmoderno". Me pareció una respuesta astuta, pero pensándolo bien, no sé si acaso sea, también, algo tramposa. Porque si reconocemos, en una línea que es complementaria, pero no necesariamente idéntica, que la postmodernidad no viene sino a radicalizar con ínfulas más desenfadadas y cínicas un programa que se encuentra esbozado de manera tenue (a veces) en el desarrollo de la modernidad en su fase más cercana, ¿no sería entonces consecuentemente moderno el decir que no existe una modernidad?
Me pregunto, en todo caso, si vale la pena seguir quebrándose la cabeza con eso, si parece que ya la postmodernidad pasó de moda (cosa que no vendría sino a evidenciar su carácter propiamente moderno).
Me pregunto, en todo caso, si vale la pena seguir quebrándose la cabeza con eso, si parece que ya la postmodernidad pasó de moda (cosa que no vendría sino a evidenciar su carácter propiamente moderno).
Friday, 11 November 2011
Cansancio
En esto se nota que unx está más viejx: el tener un día tan agotador, que hay que echarse aunque sea un ratito, aunque sean las 19.30. Tan terrible es el cansancio que llega a dar vergüenza contarlo.
Wednesday, 9 November 2011
Weather
Yo ya ni entiendo este clima. Semana asquerosamente veraniega y luego dos días que eran como fines de agosto. Seguro es porque la derecha tiene privatizado el tiempo y ni han avisado.
Thursday, 3 November 2011
Observación de paso
Nunca acabaremos de discutir sobre la violencia. El asunto es que al menos algunos sectores de la izquierda estamos dispuestos a dar esa discusión, sabiendo que nunca acabaremos de darla. Eso nos diferencia de la derecha, el no tener miedo a pelearse sobre las formas que consideramos justas de ejercer violencia.
Sin embargo, es cierto que ellxs tampoco tienen miedo, porque esa discusión ya la tienen zanjada hace ratito. Y tampoco tienen miedo, porque han matado ya, y volverán a hacerlo cuantas veces sea necesario para detenernos. No les importa(mos). De ahí que a veces haya tanta rabia en las discusiones sobre qué tan convencidxs podemos estar de los usos políticos de la violencia, porque nos violentarán sin miramientos, y aquí nosotrxs debatiendo.
No deja de ser...
Sin embargo, es cierto que ellxs tampoco tienen miedo, porque esa discusión ya la tienen zanjada hace ratito. Y tampoco tienen miedo, porque han matado ya, y volverán a hacerlo cuantas veces sea necesario para detenernos. No les importa(mos). De ahí que a veces haya tanta rabia en las discusiones sobre qué tan convencidxs podemos estar de los usos políticos de la violencia, porque nos violentarán sin miramientos, y aquí nosotrxs debatiendo.
No deja de ser...
Sunday, 30 October 2011
FILSA
Se abrió ya la temporada. Fui ayer a la FILSA al lanzamiento del libro de Grínor. Salí con tres cosas. No se muy prometedora la feria, puede ser que esté recién partiendo. Lo jevy es ver cómo en los stands el precio es el mismo que en librerías, y sólo en el de Bolivia hay libros con un precio más razonable.
Habrá que hacer justicia por las propias manos.
Habrá que hacer justicia por las propias manos.
Tuesday, 25 October 2011
Sunday, 23 October 2011
Coyunturas ¿pre-revolucionarias?
¿Qué más espera el Gobierno? ¿Qué otra cosa quiere? Si el gobierno se piensa bajo la metáfora del lector, ¿qué signo está esperando? Posiblemente las preguntas no den en el punto, porque seguramente el Gobierno no pueda nunca dar con una señal que nos sea satisfactoria. La toma del Congreso parece evidenciar este punto: la ocupación de un poder del Estado, la irrupción de un grupo (no una masa, un grupo, pero no por ello menos importante) de ciudadanxs movilizadxs, la irrupción de quienes dicen ser el pueblo movilizado, todo ello no logra cruzar un umbral para que el Ejecutivo caiga en cuenta de que ya no tiene el control total de la situación, de que tiene que ceder.
¿Qué más esperamos? ¿Qué otra cosa queremos? ¿A qué señal estamos aguardando? Nos hará falta mucho más Zivilcourage. Lo tuvimos el 4 de agosto, y hemos de seguir teniéndolo.
¿Qué más esperamos? ¿Qué otra cosa queremos? ¿A qué señal estamos aguardando? Nos hará falta mucho más Zivilcourage. Lo tuvimos el 4 de agosto, y hemos de seguir teniéndolo.
Friday, 21 October 2011
Gestos mortificatorios
"Empecé a deprender gramática, en que creo no llegaron a veinte las lecciones que tomé; y era tan intenso mi cuidado, que siendo así que en las mujeres - y más en tan florida juventud - es tan apreciable el adorno natural del cabello, yo me cortaba de él cuatro o seis dedos, midiendo hasta dónde llegaba antes, e imponiéndome ley de que si cuando volviese a crecer hasta allí no sabía tal o tal cosa que me había propuesto deprender en tanto que crecía, me lo había de volver a cortar en pena de la rudeza. Sucedía así que él crecía y yo no sabía lo propuesto, porque el pelo creía a prisa y yo aprendía despacio, y con efecto le cortaba en pena de la rudeza: que no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era más apetecible adorno"
Sor Juana Inés de la Cruz, "Respuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz", Obras completas tomo IV Comedias, sainetes y prosa, edición, introducción y notas de Alberto G. Salceda (México: Fondo de Cultura Económica, 1957), 446.
Sor Juana Inés de la Cruz, "Respuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz", Obras completas tomo IV Comedias, sainetes y prosa, edición, introducción y notas de Alberto G. Salceda (México: Fondo de Cultura Económica, 1957), 446.
Tuesday, 18 October 2011
¿Jornadas de protesta?
¿El fin de qué estamos viviendo? ¿Qué historia es la que está acabándose (y, tanto o más importante, qué historia es la que está comenzando)? Se quema una micro, y sale la Ley de Seguridad del Estado. Todxs quedamos como terroristas, aun cuando no todxs sufran igualmente las consecuencias.
Estas formas de violencia son siempre un riesgo. Tal vez el problema reside mucho más en el hecho de que no existe la posibilidad de traer la violencia a la dicusión de todxs, que en el ejercicio mismo de dicha violencia. No estoy enojado con lxs capuchas, no ahora al menos. Me angustia el pensar que hay una barrera efectiva entre quienes no nos encapuchamos (o no lo hemos hecho aún) y quienes lo hacen, porque no veo cómo tender puentes. Sé que no se trata de grupos separados, pero así se me aparecen en primera instancia. No toda violencia que dice ejercerse en contra de la autoridad es, per se, violencia revolucionaria o liberadora, y determinarlo no es (con mucho) un privilegio de 'lxs intelectuales'. Un problema aún sin resolver.
Estas formas de violencia son siempre un riesgo. Tal vez el problema reside mucho más en el hecho de que no existe la posibilidad de traer la violencia a la dicusión de todxs, que en el ejercicio mismo de dicha violencia. No estoy enojado con lxs capuchas, no ahora al menos. Me angustia el pensar que hay una barrera efectiva entre quienes no nos encapuchamos (o no lo hemos hecho aún) y quienes lo hacen, porque no veo cómo tender puentes. Sé que no se trata de grupos separados, pero así se me aparecen en primera instancia. No toda violencia que dice ejercerse en contra de la autoridad es, per se, violencia revolucionaria o liberadora, y determinarlo no es (con mucho) un privilegio de 'lxs intelectuales'. Un problema aún sin resolver.
Monday, 17 October 2011
Sunday, 9 October 2011
Un 9 de agosto
Un 9 de agosto, como hoy, en 1967, en un lugar que está muy lejos de Santiago, está el cuerpo del Che. Nunca conocí al Che, él tampoco alcanzó a conocerme. En la Facultad de Filosofía y Humanidades, donde llevo ya casi cinco años estudiando, hay un mural del Che, como en muchas otras facultades universitarias en América Latina. En todo el mundo, hay posters, pancartas, murales, y poleras del Che mirando al horizonte. La foto es en Cuba, pero está por todo el mundo.
¿Qué somos del Che? ¿Por qué seguimos pensando en el Che cuando pensamos en la izquierda, cuando pensamos en Latinoamérica, cuando pensamos en la revolución? No creo que el Che sea nuestro progenitor, ni nuestro guía, ni nuestro líder. No sé si me interesaría que lo fuese, no en todos lados se necesitan líderes, y a mí los mesías no me gustan. A él tampoco creo que le hayan gustado. Puede ser que él haya querido ser un compañero, o un cómplice, a pesar de los retazos leninistas que se le salieron en más de una ocasión. Como lector, a veces el Che quiso poner su respuesta antes que la pregunta. Quizás sea por ese 'error de lectura' que ya no nos acompaña, que su cuerpo se quedó en Bolivia el 9 de agosto de 1967. Un error que no le pesó sólo a él, aun cuando da la impresión que lo que importa, es que haya sido su error, y no un error que arrastró a muchos otros cuerpos que se quedaron en Bolivia el 9 de agosto y los días posteriores.
En estos momentos, en que no está el Che para mirarnos, habría que evitar insistentemente el hacerse la pregunta por quién tiene que ocupar su lugar. No se trata de seguir al Che, no lo creo, porque el Che está en Bolivia, en 1967, y ni siquiera a los bolivianos de 2011 les sirve andar siguiéndolo. Como sea, nosotros estamos a todos esos años de distancia, no hay lecciones que nos den los cadáveres por el hecho mismos de ser cadáveres. No hay lecciones que nos pueda dar el Che sólo por el hecho de ser el Che. Nada obliga a reconocernos en él, nada hace que sea obvia su lucha, que nuestra lucha sea su lucha. Nada hay en el Che que no tenga que haber en cada uno de nosotrxs ahora: él no es un superhéroe porque nosotrxs no tenemos por qué serlo, la revolución no la hacen los superhéroes, porque si es así, ¿cómo puede ser que estemos intentando hacerla nosotrxs, que no lo somos, que podemos quedarnos aquí, en un 9 de agosto de 2011, dejando nuestro cuerpo en Santiago de Chile?
No, el Che no está vivo. El problema es precisamente ese, que no lo está. Tal vez esa sea su fortaleza más grande, que no vivió para siempre, que se equivocó en leer, y asumió las consecuencias. Lo que nos queda, todavía, del Che es un recuerdo que anima la rabia, y eso me anima. El Che es nuestra Lady Gaga en la sierra, o tal vez no, tal vez sea como Marilyn Monroe, y Lady Gaga sea el Subcomandante Marcos. No importa. Ni Marilyn ni el Che están vivxs, ambxs dejaron sus cuerpos en otra parte. Hoy estamos en Santiago, y tal vez el mensaje que quiero dejar es este: ni aunque se levantase de 1967 podría el Che hacer lo que no hemos hecho hasta hoy. Su obra permanece incompleta mientras no seamos nosotrxs mismxs quienes empujemos nuestros cuerpos (y su cuerpo) más allá del 9 de agosto de 2011. La mirada incendiaria tiene que seguir siendo nuestra, la impaciencia y la constancia. ¿Qué horizonte hay en la fotografía de Korda? Mientras no sigamos en la lucha, nunca podremos saberlo. Quizás el Che tampoco lo sabe.
¿Qué somos del Che? ¿Por qué seguimos pensando en el Che cuando pensamos en la izquierda, cuando pensamos en Latinoamérica, cuando pensamos en la revolución? No creo que el Che sea nuestro progenitor, ni nuestro guía, ni nuestro líder. No sé si me interesaría que lo fuese, no en todos lados se necesitan líderes, y a mí los mesías no me gustan. A él tampoco creo que le hayan gustado. Puede ser que él haya querido ser un compañero, o un cómplice, a pesar de los retazos leninistas que se le salieron en más de una ocasión. Como lector, a veces el Che quiso poner su respuesta antes que la pregunta. Quizás sea por ese 'error de lectura' que ya no nos acompaña, que su cuerpo se quedó en Bolivia el 9 de agosto de 1967. Un error que no le pesó sólo a él, aun cuando da la impresión que lo que importa, es que haya sido su error, y no un error que arrastró a muchos otros cuerpos que se quedaron en Bolivia el 9 de agosto y los días posteriores.
En estos momentos, en que no está el Che para mirarnos, habría que evitar insistentemente el hacerse la pregunta por quién tiene que ocupar su lugar. No se trata de seguir al Che, no lo creo, porque el Che está en Bolivia, en 1967, y ni siquiera a los bolivianos de 2011 les sirve andar siguiéndolo. Como sea, nosotros estamos a todos esos años de distancia, no hay lecciones que nos den los cadáveres por el hecho mismos de ser cadáveres. No hay lecciones que nos pueda dar el Che sólo por el hecho de ser el Che. Nada obliga a reconocernos en él, nada hace que sea obvia su lucha, que nuestra lucha sea su lucha. Nada hay en el Che que no tenga que haber en cada uno de nosotrxs ahora: él no es un superhéroe porque nosotrxs no tenemos por qué serlo, la revolución no la hacen los superhéroes, porque si es así, ¿cómo puede ser que estemos intentando hacerla nosotrxs, que no lo somos, que podemos quedarnos aquí, en un 9 de agosto de 2011, dejando nuestro cuerpo en Santiago de Chile?
No, el Che no está vivo. El problema es precisamente ese, que no lo está. Tal vez esa sea su fortaleza más grande, que no vivió para siempre, que se equivocó en leer, y asumió las consecuencias. Lo que nos queda, todavía, del Che es un recuerdo que anima la rabia, y eso me anima. El Che es nuestra Lady Gaga en la sierra, o tal vez no, tal vez sea como Marilyn Monroe, y Lady Gaga sea el Subcomandante Marcos. No importa. Ni Marilyn ni el Che están vivxs, ambxs dejaron sus cuerpos en otra parte. Hoy estamos en Santiago, y tal vez el mensaje que quiero dejar es este: ni aunque se levantase de 1967 podría el Che hacer lo que no hemos hecho hasta hoy. Su obra permanece incompleta mientras no seamos nosotrxs mismxs quienes empujemos nuestros cuerpos (y su cuerpo) más allá del 9 de agosto de 2011. La mirada incendiaria tiene que seguir siendo nuestra, la impaciencia y la constancia. ¿Qué horizonte hay en la fotografía de Korda? Mientras no sigamos en la lucha, nunca podremos saberlo. Quizás el Che tampoco lo sabe.
Saturday, 8 October 2011
Pop y política. Flashmob, pasacalle
[Este texto fue publicado originalmente en el fanzine Turba, editado por el taller "Cultura pop" que dirige Andrea Ocampo, pp. 101-104]
Los meses no han pasado en vano. Se nos han desgastado las zapatillas, pero parece que no lo suficiente. La ocupación que llevamos ya en el cuerpo todavía nos exige más esfuerzos, a pesar de que hayamos andado la calle en otoño, iniverno, y primavera. Estamos todavía metidos en una movilización que no ha querido acabarse, saliendo ya de nuestro propio "invierno del descontento".
Vivimos días de movilización, y lo que se mueve no es sólo un grupo de estudiantes o una alianza de organizaciones con el objetivo de avanzar hacia la obtención de demandas específicas. Me parece que estamos atendiendo a algo que no puede categorizarse simplemente como 'movimiento social', aun cuando de eso tiene mucho. De alguna manera, la contigencia parece estar manifestándose como algo que sobrepasa muchos de los esquemas que tenemos para pensar nuestro contexto. La praxis misma de una política que, insumisamente, se ha desmarcado de los canales tradicionales de participación, parece denunciar que los repertorios con los hasta el momento contábamos no han bastado.
Una mirada a la pantalla: miles de zombies bailando frente a la Moneda. Miles de zombies que dejan de maniesto una imagen ambigua: los cadáveres de la educación neoliberal chilena, poniéndose de pie al ritmo de Michael Jackson; una masa de cuerpos maquillados y organizados para exponerse, para hacerse ver. La producción de una proyección conectada a la distancia con una figura de quien poco sabemos sobre sus simpatías o antipatías políticas, pero que es capaz de convocar de todos modos. Un ícono pop, devorado o algo por el estilo. Regurgitado sobre el césped pisoteado y lacrimogeneado. El olor que se levanta con el barrido de la mañana siguiente y que aprieta la garganta. MJ for public education. El baile como una sinécdoque de las deudas, de las demandas, de las propuestas, de los cadáveres que están detrás del movimiento. Es triste pensar que anticipásemos a Manuel Gutiérrez, que murió sin deudas, pero no por eso deja de ser un cadáver que nos tenga que importar. Me importa que nos importe, tanto como los potenciales cadáveres que están todavía en los colegios, esos cadáveres potenciales a los que se les quiere negar la condición de tal. Como sea, Manuel Gutiérrez no es nuestro mártir, y los pequeñísimos partidos de izquierda vanguardista hacen carteles con su imagen, pero del flashmob y de las huelgas de hambre, nada.
Una mirada a la calle: comparsa de pitbulls y otros animales. Piezas de utilería proliferando por una ciudad forzada a mirar a la masa. Paso al lado de Chín-chín tirapié, uno de los perros-pacos se acerca. Parece más humano que los que miran desde la vereda con sus escudos. parece más respetable, dentro de su animalidad. La seriedad enojosa de la izquierda, ¿se resquebraja? El movimiento ocupa la calle, pone algo de desorden. Marchar ya es algo más que marchar, porque se trata de transformar la calle. Una acción performática que es, a su manera, performativa. En el escenario (¿pasarela?) que es la calle, estamos convocando la visceralidad propia de la política que sabemos hacer. Un monigote de Lavín, pancartas de Evelyn Matthei sodomizando al Gabinete, Zalaquett como una mosca, una constitución gigante con guillotina para el 14 de julio. La calle se vuelve el lugar de una escenificación política que, en algunos casos, pareciera querer operar miméticamente: quemar el guanaco de cartón y el de metal, pero se quema el de cartón porque el de metal está demasiado presente, a pesar de la masa. Es una procesión que oscila entre la metáfora de un deseo político y la actuación de una literalidad.
Algo se ha estado (re)constituyendo en los últimos meses. Hemos estado tramando algo, a veces demasiado separados. Una convicción que quisiera ofrecer a la discusión sería la siguiente: el espacio de la política es un espacio de decisiones que importan. Otra apreciación: las decisiones en política nunca son suficientes. Entonces, si pienso en las relaciones entre pop y política, creo que me son ineludibles tanto la necesidad como la insuficiencia de un pasacalle y de un flashmob. En un campo de disputa como el que estamos enfrentando, cada arma es necesaria y cada arma es insuficiente. Cierto, podremos hacer barricadas, podremos hacer videos para subir a Youtube, podremos tener asambleas de cuatro horas, podremos hacer una huelga de hambre, podremos ser clásicos, ser pop, ser vintage. Podremos ser muchas cosas muy políticas todas. Y sin embargo, una marcha no es un movimiento, aunque sea moverse en una dirección. Una barricada es incendiaria, y estamos en tiempos en que prenderle fuego a la institucionalidad está convocando miedos que me entusiasman y me ponen ansioso. Un flashmob, con todas las acusaciones de frivolidad, es una plataforma que no tiene a la frivolidad como propiedad esencial o inherente, sino que otorga la posibilidad de articular una imaginación que infiltra espacios del poder. Un pasacalle pone en evidencia las fobas al espacio público que nos han querido hacer asimilar.
Esperanza y preocupación. No obstante el optimismo de la voluntad, lo pop no es un aliado irrestricto. Muere Camiroaga, y no sale un solo segudo su video de apoyo a los estudiantes. Renuncia un general asesino con todas sus condecoraciones. Recién empezamos a hacer que se termine la transición, recién. Los ochente ya salieron en la tele. Los noventa están empezando a saler en/de la calle.
Los meses no han pasado en vano. Se nos han desgastado las zapatillas, pero parece que no lo suficiente. La ocupación que llevamos ya en el cuerpo todavía nos exige más esfuerzos, a pesar de que hayamos andado la calle en otoño, iniverno, y primavera. Estamos todavía metidos en una movilización que no ha querido acabarse, saliendo ya de nuestro propio "invierno del descontento".
Vivimos días de movilización, y lo que se mueve no es sólo un grupo de estudiantes o una alianza de organizaciones con el objetivo de avanzar hacia la obtención de demandas específicas. Me parece que estamos atendiendo a algo que no puede categorizarse simplemente como 'movimiento social', aun cuando de eso tiene mucho. De alguna manera, la contigencia parece estar manifestándose como algo que sobrepasa muchos de los esquemas que tenemos para pensar nuestro contexto. La praxis misma de una política que, insumisamente, se ha desmarcado de los canales tradicionales de participación, parece denunciar que los repertorios con los hasta el momento contábamos no han bastado.
Una mirada a la pantalla: miles de zombies bailando frente a la Moneda. Miles de zombies que dejan de maniesto una imagen ambigua: los cadáveres de la educación neoliberal chilena, poniéndose de pie al ritmo de Michael Jackson; una masa de cuerpos maquillados y organizados para exponerse, para hacerse ver. La producción de una proyección conectada a la distancia con una figura de quien poco sabemos sobre sus simpatías o antipatías políticas, pero que es capaz de convocar de todos modos. Un ícono pop, devorado o algo por el estilo. Regurgitado sobre el césped pisoteado y lacrimogeneado. El olor que se levanta con el barrido de la mañana siguiente y que aprieta la garganta. MJ for public education. El baile como una sinécdoque de las deudas, de las demandas, de las propuestas, de los cadáveres que están detrás del movimiento. Es triste pensar que anticipásemos a Manuel Gutiérrez, que murió sin deudas, pero no por eso deja de ser un cadáver que nos tenga que importar. Me importa que nos importe, tanto como los potenciales cadáveres que están todavía en los colegios, esos cadáveres potenciales a los que se les quiere negar la condición de tal. Como sea, Manuel Gutiérrez no es nuestro mártir, y los pequeñísimos partidos de izquierda vanguardista hacen carteles con su imagen, pero del flashmob y de las huelgas de hambre, nada.
Una mirada a la calle: comparsa de pitbulls y otros animales. Piezas de utilería proliferando por una ciudad forzada a mirar a la masa. Paso al lado de Chín-chín tirapié, uno de los perros-pacos se acerca. Parece más humano que los que miran desde la vereda con sus escudos. parece más respetable, dentro de su animalidad. La seriedad enojosa de la izquierda, ¿se resquebraja? El movimiento ocupa la calle, pone algo de desorden. Marchar ya es algo más que marchar, porque se trata de transformar la calle. Una acción performática que es, a su manera, performativa. En el escenario (¿pasarela?) que es la calle, estamos convocando la visceralidad propia de la política que sabemos hacer. Un monigote de Lavín, pancartas de Evelyn Matthei sodomizando al Gabinete, Zalaquett como una mosca, una constitución gigante con guillotina para el 14 de julio. La calle se vuelve el lugar de una escenificación política que, en algunos casos, pareciera querer operar miméticamente: quemar el guanaco de cartón y el de metal, pero se quema el de cartón porque el de metal está demasiado presente, a pesar de la masa. Es una procesión que oscila entre la metáfora de un deseo político y la actuación de una literalidad.
Algo se ha estado (re)constituyendo en los últimos meses. Hemos estado tramando algo, a veces demasiado separados. Una convicción que quisiera ofrecer a la discusión sería la siguiente: el espacio de la política es un espacio de decisiones que importan. Otra apreciación: las decisiones en política nunca son suficientes. Entonces, si pienso en las relaciones entre pop y política, creo que me son ineludibles tanto la necesidad como la insuficiencia de un pasacalle y de un flashmob. En un campo de disputa como el que estamos enfrentando, cada arma es necesaria y cada arma es insuficiente. Cierto, podremos hacer barricadas, podremos hacer videos para subir a Youtube, podremos tener asambleas de cuatro horas, podremos hacer una huelga de hambre, podremos ser clásicos, ser pop, ser vintage. Podremos ser muchas cosas muy políticas todas. Y sin embargo, una marcha no es un movimiento, aunque sea moverse en una dirección. Una barricada es incendiaria, y estamos en tiempos en que prenderle fuego a la institucionalidad está convocando miedos que me entusiasman y me ponen ansioso. Un flashmob, con todas las acusaciones de frivolidad, es una plataforma que no tiene a la frivolidad como propiedad esencial o inherente, sino que otorga la posibilidad de articular una imaginación que infiltra espacios del poder. Un pasacalle pone en evidencia las fobas al espacio público que nos han querido hacer asimilar.
Esperanza y preocupación. No obstante el optimismo de la voluntad, lo pop no es un aliado irrestricto. Muere Camiroaga, y no sale un solo segudo su video de apoyo a los estudiantes. Renuncia un general asesino con todas sus condecoraciones. Recién empezamos a hacer que se termine la transición, recién. Los ochente ya salieron en la tele. Los noventa están empezando a saler en/de la calle.
Thursday, 29 September 2011
Sunday, 11 September 2011
Saturday, 10 September 2011
Brief
Nunca me canso de leer esta parte:
„Jedenfalls waren wir so verschieden und in dieser Verschiedenheit einander so gefährlich, daß, wenn man es hätte etwa im voraus ausrechnen wollen, wie ich, das langsam sich entwickelnde Kind, und Du, der fertige Mann, sich zueinander verhalten werden, man hätte annehmen können, daß Du mich einfach niederstampfen wirst, daß nichts von mir übrigbleibt. Das ist nun nicht geschehen, das Lebendige läßt sich nicht ausrechnen, aber vielleicht ist Ärgeres geschehen“
"En cualquier caso, éramos tan diferentes, y en esta diferencia tan peligrosos el uno para el otro, que si se hubiese podido calcular de antemano cómo nos relacionaríamos yo, el niño que se desarrollaba lentamente, y Tú, el hombre ya listo, se podría haber percibido que Tú fácilmente me aplastarías y que nada de mí permanecería. Eso no pasó, lo que vive no se deja calcular, pero quizás ocurrió algo más problemático"
„Jedenfalls waren wir so verschieden und in dieser Verschiedenheit einander so gefährlich, daß, wenn man es hätte etwa im voraus ausrechnen wollen, wie ich, das langsam sich entwickelnde Kind, und Du, der fertige Mann, sich zueinander verhalten werden, man hätte annehmen können, daß Du mich einfach niederstampfen wirst, daß nichts von mir übrigbleibt. Das ist nun nicht geschehen, das Lebendige läßt sich nicht ausrechnen, aber vielleicht ist Ärgeres geschehen“
"En cualquier caso, éramos tan diferentes, y en esta diferencia tan peligrosos el uno para el otro, que si se hubiese podido calcular de antemano cómo nos relacionaríamos yo, el niño que se desarrollaba lentamente, y Tú, el hombre ya listo, se podría haber percibido que Tú fácilmente me aplastarías y que nada de mí permanecería. Eso no pasó, lo que vive no se deja calcular, pero quizás ocurrió algo más problemático"
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