Wednesday, 27 July 2011
Distancias 'improductivas'
Tuesday, 26 July 2011
Tuesday, 19 July 2011
"Bien de consumo"
La reducción de la educación a una mercancía o un servicio (las distinciones no son del todo ociosas, pero en términos de generalidad, la operación es la misma) es consistente con la reducción del trabajo y del tiempo al status de mercancías o de objetos mercantilizables. Si es que el aire no se ha privatizado, no es tanto porque sea anti-ético, sino porque no se ha encontrado una forma rentable de licitarlo.
Monday, 18 July 2011
Sunday, 17 July 2011
Cosas del football
Saturday, 16 July 2011
Wednesday, 13 July 2011
Invierno del descontento
La marcha de mañana jueves está autorizada desde la USACH hasta Los Héroes; la intención es clara: dividir al movimiento, facilitar la represión, justificar la criminalización. Pero no importa, o importa poco, porque somos miles. Somo una fuerza que aún se mide a sí misma, una fuerza que está todavía conociendo los límites de su fuerza.
Shakespeare comienza Richard III con una gloriosa y ambigua frase, que sugiere la imagen antes de terminar: "Now is the winter of our discontent...". Estamos en un invierno de rabia y descontento, de desesperanza volcada a la calle. Quizás todavía nos falte volver a aprender a conversar, pero a empezamos esa pedagogía de la desobediencia que es el primer paso de la emancipación. Y si hasta la más emancipatoria de las pedagogías no prescinde de la prueba en un momento u otro (de ese imperativo ético y político del "poner a prueba"), mañana es un día de prueba. Cuánto poder hemos sido capaces de usurpar, eso podríamos averiguarlo mañana. No es que todo el gobierno se juegue su autorida, pero tiene bastante que perder. Quienes nos hemos convocado no estamos, tampoco, libres de esta pérdida potencial, y tampoco es seguro que todxs estén igualmente dispuestos a ponerse a prueba. Pero las esperanzas están, y no pueden dejar de estar.
La responsabilidad de ir a marchar mañana es ineludible, incluso con las más razonables excusas. Cuanto hay de necesario nos convoca, y el grado de urgencia al que parecen haber llegado las circunstancias sólo subraya que la responsabilidad es, además, demasiado incalculable. Se me/nos impone una responsabilidad que debe ser ejercida a toda costa. Porque si pretendemos disputar un ápice del poder que hoy se ejerce sobre nosotrxs, hay cosas en las que no podemos fallar, en las que hay que hacer valer la disidencia y el descontento. No habrá posibilidades de veranos gloriosos, o amaneceres del color que sean, o de alamedas anchas, o de luminosos senderos, nada, a menos que pongamos el cuerpo mañana.Tuesday, 12 July 2011
Límites
Thursday, 7 July 2011
Tuesday, 5 July 2011
Anuncios y medidas
Bunch of bastards.
Monday, 4 July 2011
Dingwelt
Público
Now II
Sunday, 3 July 2011
Piñericosas
Saturday, 2 July 2011
Más movilizaciones
Tuesday, 21 June 2011
Mundo revisteril
Además de eso, se lanzó la revista Hélice. Una iniciativa de artes, humanidades y ciencias sociales. Si las ponencias me dejaron insatisfecho, la revista me produce un grado de extrañeza. Aun cuando me parece que estos espacios editoriales son siempre necesarios, me parece que detrás de la forma bien cuidada (papel de buena calidad, lindas ilustraciones, tipografía amable, a pesar de un par de errores editoriales y de diagramación) debiera haber un contenido igualmente cuidado. ¿Cuál es el sentido de publicar los artículos que aparecen en Hélice? ¿Por qué esos y no otros?
Hélice me deja inquieto. A fin de cuentas, las revistas no sobran, pero eso no es razón para guardarse los reparos. No conozco al equipo editorial, ni tampoco es que esté criticando para publicar. Editar una revista nunca ha sido fácil. Sin embargo, me parece necesario preguntarse por los supuestos detrás de un proyecto de este tipo. Hacia dónde irá el proyecto, no tengo idea. Ojalá fructifique y abra otros frentes en su espacio local, pero que eso no implique abadonar el diálogo con otros lugares desde donde se están pensando cosas similares y no-tan-similares.
Sunday, 19 June 2011
Saturday, 18 June 2011
Neoarielismo, educación y el estado actual de las movilizaciones
La marcha de este jueves 16 es un hito dentro del movimiento. Da la impresión que lo más sorpresivo no fue tanto la confluencia de actores como la masividad de la protesta. Que sea la educación pública la que aúne a tanta gente, y no HidroAysén u otra reivindicación más transversal, es un indicador del momentum que está tomando el movimiento y de las fuerzas que es capaz de concitar en torno a sí. La dirección que tomen los acontecimientos dependerá, en gran medida, de la capacidad de todxs quienes estuvimos ahí para mantener la presión sobre las dirigencias y sobre el gobierno. Se trata de desbordar los marcos de la política de transacciones y desmovilización, de reconstituir culturas políticas de protesta y disenso, de superar las acciones mínimas y aprovechar de instalar ejes gruesos de discusión.
Ahora bien, hay algo que me inquieta sobre las cosas que se han dicho hasta el momento. Me parece necesario, como alguien que estudia y trabaja desde las humanidades, resaltar una o dos cosas sobre el contenido de las movilizaciones. La defensa de la educación pública no es, ni puede ser, una defensa de algo abstracto. Si es que la voluntad está de no hacer una movilización meramente reactiva o conservadora de lo que hay, es pertinente cuestionar cuáles son las bases para optar por una educación pública, además de intentar precisar qué tipo de educación pública es esa que se quiere. Por mi parte, no puedo hacer una revisión exhaustiva de todo lo que a mí me parece que debiera implicar la educación pública, por lo que intentaré atenerme a mi ámbito más específico de competencia.
Medio en serio y medio en broma, una de las consignas con las que salimos a marchas algunxs compañerxs fue 'Neoarielistas indignadxs'. La pregunta era: ¿qué es el neoarielismo? Y, más aún, ¿qué tiene que ver con el movimiento estudiantil? Son preguntas estrechamente ligadas. Si entendemos, como yo entiendo, al neoarielismo como crítica latinoamericanista (y por ende, situada) de la hegemonía del saber utilitario, a la vez que como afirmación del valor fundamental de la educación/experiencia estética, entonces es posible vislumbrar algunas conexiones. No hay un vínculo natural entre neoarielismo y movimiento estudiantil, como tampoco lo hubo entre arielismo y reforma universitaria. Lo que sí hay, son posibilidades.
Una de las críticas profundas a la educación en su estado actual es el privilegio que tienen aquellos saberes productivos, en desmedro de todo lo que no opere en función del proceso general de acumulación capitalista. La neoliberalización de la sociedad ha tenido como consecuencia la neoliberalización de la universidad, con la consiguiente precarización de las humanidades, artes, y ciencias sociales en favor de disciplinas 'rentables'. Esto responde, a mi juicio, a un orden social que ve todo objeto como potencialmente privatizable y sometible a la lógica irracional del capital. En nuestra particular posición, como un país latinoamericano subordinado a la economía política mundial, esto se ha expresado como el primado de la tecnocracia por sobre cualquier forma de crítica democrática radical. Que esto esconde la "nordomanía" denunciada por Rodó no debiera ser muy difícil de demostrar.
Defender la importancia del trabajo intelectual, de la estética, de la saber no-práctico, del potencial emancipatorio de la cultura letrada, es hoy una posición política más necesaria que nunca. Por eso, me parece que no hay que pensar que Ariel se opone a Caliban, que Ariel es connaturalmente enemigo de Caliban, sino que aquel puede ponerse al servicio de este sin abjurar de condición. En otras palabras, que aquello que preocupa al neoarielismo tiene todo que ver con la crítica al actual sistema de dominación. Que el neoarielismo no se contrapone a la emancipación de las "masas enardecidas" o "multitudes minoritarias", sino al neoliberalismo.
Defender la educación pública desde las humanidades (me) implica defender estas posturas. Me parece necesario insistir que lo 'inútil' tiene un valor reivindicativo y un potencial transformador en las actuales circunstancias. Si la transformación de la imaginación es parte de la tarea de las humanidades y las artes, no veo cómo esto no puede sino ser convergente con la actual dirección de las movilizaciones. Defender la educación pública, entonces, no es pedir más o menos plata, no es decir que queremos más o menos lucro, ni tampoco es pedir más o menos cogobierno. Es, en parte y no exclusivamente, defender la posibilidad de una experiencia que no debe serle vedada a nadie en principio. Y si no somos lxs estudiantes de humanidades, lxs intelectuales, quienes defenderemos esa postura, ¿quiénes?
Sunday, 12 June 2011
¿Toma?
El viernes se decidió, en asamblea de Facultad, ir a toma. No puedo dejar de decir que la decisión me parece en sí un error, considerando las circunstancias en que nos encontramos. La Casa Central está también en toma, y ocupar la Facultad no hace sino dividir fuerzas. Por lo demás, las circunstancias en que se tomó la decisión no dejan de ser controvertidas. A diferencia de otras ocasiones, hay fuertes discrepancias sobre la pertinencia y la legitimidad de la medida. Si bien se cumplió con el quórum requerido por estatutos, la votación fue de 120 contra 90. Una vez zanjada la toma, cerca de 50 personas se largaron del Ágora (al menos esa es la información que ha circulado). Sumemos a lo anterior que, con la toma, se contraviene del todo una determinación que había sido adoptada por la Asamblea durante la semana: no subirse a una toma sino en contexto de una toma de campus.
Resulta claro que el marco de referencia de la votación apunta a un problema importante de la democracia estudiantil en la Facultad de Filosofía y Humanidades. Pensar que la legitimidad de una decisión (en democracia directa) viene dada única y exclusivamente por el número de manos alzadas es, cuando menos, una opinión políticamente miope. Resulta paradojal que sea una facultad de humanidades la que termine por entronizar, merced de la acción de grupos políticos específicos, la validez de lo cuantitativo por sobre lo cualitativo. En consecuencia, me parece que cualquier elusión del carácter efectivo que tiene nuestra democracia estudiantil no puede ser otra cosa que autocomplacencia.
Considero notorio, en las actuales circunstancias, que gran parte de las tensiones entre los colectivos políticos que se desplegaron el año pasado hayan cambiado. Como en años anteriores, la movilización ha mostrado lo peor del trotskismo, mientras el FEL ha pasado a moderarse en sus habituales peleas domésticas. En efecto, ha habido una ampliación de la participación política, cosa que la orgánica de la Facultad suele privilegiar en tiempos de movilización. Sin embargo, se nota que la irresponsabilidad y la falta de madurez de lxs estudiantes ha pasado la cuenta. No ha habido voluntad de aprender de los errores de tomas anteriores, ni tampoco ha habido constancia a la hora de articularse en el espacio local con funcionarixs y académicxs. Eso es una debilidad evidente de la orgánica actual (en particular) y del movimiento estudiantil (en general).
Sea como fuere, espero que la medida de la toma pueda ser reconsiderada. Afecta al conjunto de la comunidad, en circunstancias que el mismo estamento estudiantil de pregrado está dividido sobre el tema. Hay que establecer prioridades políticas, coordinarse en serio, mapear las actividades y ser responsables en su ejecución. Si no es así, venir a quejarse por el desfonde del movimiento será tan infantil como la toma.Propuesta
Tuesday, 7 June 2011
Sor de los Dolores Peñailillo
Hoy en la U
Sunday, 5 June 2011
Misceláneas junianas
Monday, 23 May 2011
Monday, 9 May 2011
Por cada Hidroaysén...
Decir que la aprobación lograda por el proyecto Hidroaysén hoy era inesperada es pecar de ingenuidad. Toda medida hasta ahora ha sido insuficiente para detener el proyecto. Que hay intereses cruzados y personas que votan con el ojo en su bolsillo (o en el de su cuñadx, hermanx, familiar y/o amigx) también es sabido hace un buen tiempo. Ni qué decir de la cobertura de los principales medios de comunicación (el affaire de El Mostrador no deja de ser ejemplar al respecto).
La retórica ecologista nunca ha sido una gran aglutinadora de masas. Y es de esperar que esta vez tampoco lo sea. Personalmente, no confío mucho en el discurso ecologista como núcleo desde donde articular la oposición; la facilidad con la que parecen satisfacerse las demandas multitudinarias produce una rápida dispersión de las fuerzas sociales. Una vez que se dice 'no' a un proyecto polémico, cada unx vuelve a su casa y a sus intereses/luchas particulares. No quiere esto decir que el camino suicida en el que se encuentra el capitalismo mundial (en términos del agotamiento de todo factor productivo a costa del capital) no pueda producir un movimiento político a partir de la ecología. Sólo me parece que, en la situación actual, una articulación a partir conflictos ecológicos particulares constituye una alternativa débil para hacer frente a algo más que el cuco de los empresarios contaminadores.
Pensar en cómo superar estas limitaciones es el desafío. Y creo que quizás hoy el camino pueda ser en pensar y en actuar desde un afecto, más que desde un movimiento determinado (v.g., Patagonia sin represas). Hidroaysén no es ni la peor ni la única manifestación de lo que sostiene el entramado de relaciones que regulan hoy la vida en común. Si del capitalismo neolibral chilensis se trata, me parece que ya la situación se ha deteriorado tanto, la izquierda se ha deteriorado tanto, los lazos y frotes sociales se han deteriorado tanto, que lo mejor parece ser la indignación. No lo único ni lo definitivo, pero quizás lo mejor.
Movilizar los afectos y movilizarse. Tal vez sea la táctica para reconstituir la comunidad inoperante en que nos hemos convertido. Indignarse, marchar, manifestar que ya no hay por qué (que nunca hubo razones para) aguantar que las cosas se hagan a las espaldas de quienes no nos sentamos en ningún sillón de cuero de $3.700.000, ni de menos. Que estamos chatxs que la gente que se llena los bolsillos de plata no tenga el más mínimo descaro en escupirnos en la cara a la hora de votar un proyecto así de indigno. Que tampoco confiamos en que la Concertación venga a salvar el día, porque en estas cosas también se pareció al gobierno. Que no hay por qué aguantar que se roben y echen a perder lo que no es de nadie, por muchos títulos y papeles que digan tener lxs Matte, lxs Piñera, lxs Hinzpeter, lxs Golborne, et. al. Que el elástico no puede estirarse para siempre. Que las crisis no se van a terminar porque paguen un bono o un 'postnatal' o tiren un par de chauchas más para que la educación privada gane más, y de paso se ponga más privada.
Cada Hidroaysén es una gota que tiene que derramar el vaso. Estamos en el momento en que los condicionales se vuelven un lujo, en que no es especulación y teoría lo que sobran, sino que faltan las que movilizan. Y frente a falta del discurso articulado y racional, la indignación. En vez del libre juego de la escritura, la indignación. O quizás, mejor, junto a la escritura la indignación; junto a la protesta, la indignación; junto a las miles de conversaciones que faltan, la indignación; junto a los proyectos que siguen ausentes, la indignación; junto a la crítica, la indignación; junto a la solidaridad, la indignación. Juntxs todxs, avergonzadxs de lo que llaman 'patria', enrabiadxs, frustradxs, decepcionadxs, furiosxs. Pero antes que otra cosa, juntxs. E indignadxs.Saturday, 23 April 2011
Ironía
Thursday, 21 April 2011
Friday, 1 April 2011
Fruta
Monday, 21 March 2011
Fran Lebowitz
Saturday, 12 March 2011
Apfelstrudel
Friday, 11 March 2011
Una vez más, terremoto
Tuesday, 8 March 2011
Wednesday, 2 March 2011
Apply
Sunday, 27 February 2011
Wednesday, 23 February 2011
¿A dónde mirar?
Preguntas parecidas podrían hacerse en el caso de Libia. El país gobernado por Muamar Gaddafi ha sido el lugar de intensas manifestaciones y de lo que parece encaminarse a una guerra civil. Al menos eso es lo que pienso cuando leo las noticias sobre enfrentamientos entre ejército y civiles: cientos de muertos, bombardeos a manifestantes, dimisión de ministros, deserción de pilotos que se niegan a cumplir órdenes. Ha habido pronunciamientos del Consejo de Seguridad de la ONU, la Unión Europea estudia sanciones, e incluso el gobierno de Chile (¡vaya sorpresa!) se ha declarado en contra de la brutal represión del régimen de Gaddafi.
En la fértil provincia, en cambio, la situación parece ser todo menos convulsa. Lo más polémico a estas alturas es la posible reapertura del caso Karadima, junto a la sumisión que el gobierno manifestó frente a la UDI por la eventual destitución de Jacqueline van Rysselberghe. O, quizás, sea más atractivo para la opinión pública quién será el próximo DT de la Selección de football, la reina del Festival de Viña, &c &c. Otros temas han quedado, para variar, de lado: las sentencias de los activistas mapuche que protagonizaron la huelga de hambre, el alza del precio del Transantiago, la inflación, el alza del precio de los alimentos, las deudas pendientes tras el terremoto, la polémica por los proyectos energéticos recientemente aprobados (Isla Riesco), la sostenida campaña del terror de Hidroaysén, &c &c. El receso veraniego ha puesto en suspenso cualquier intento por movilizarse, y el tradicional arreglo de los flujos de información en los medios de comunicación no hace mucho por cambiar el asunto.
Al saber de lo que pasa en países como Túnez, Egipto, Bahrein, y Libia, no puedo sino sentir angustia y ansiedad al mismo tiempo. Las movilizaciones han tenido un distintivo carácter popular, a la vez que social y democrático en los sentidos más convencionales. En los aspectos políticos, el futuro es equívoco, pero las demandas claras: los regímenes tienen que cambiar, el Estado debe ser reformulado, las relaciones de poder deben reordenarse. Describir los procesos (con todas sus limitaciones y contradicciones internas) como esperanzadores es entre cursi y eufemístico. Pero me cuesta pensar en otro calificativo. En un marco de expectativas tan anquilosado como el de Chile, la aparición de tales 'estallidos populares' es una inyección de utopismo político que hace siempre falta. ¿Cómo hacer para trasladar esa forma de "reconocimiento universal" (Zizek) al espacio de acá? ¿Es posible desenmarcar los procesos políticos de sus contextos inmediatos de referencia, para luego re-enmarcarlos en un contexto que se sienta como 'propio'? ¿Qué hace que sociedades que consideraríamos como despolitizadas y deshumanizadas como las del 'mundo árabe' logren abrir estos espacios de oportunidad política revolucionaria?
Ocurren aquí al menos dos fenómenos. En primer lugar, es un error pensar que las movilizaciones son el resultado de un espontaneísmo de las multitudes que demandan democracia. Los países en cuestión no están habitados por una masa uniforme de sujetos con ocho esposas cubiertas con burkhas. Ni tampoco es el caso que los ciudadanos estén completamente privados de cualquier noción política. Por el contrario, están más politizadxs que nadie, al punto de estar dispuestxs a morir por una causa en apariencia simple, pero que esconde una densidad de posibilidades radicales. En segundo lugar, como consecuencia de lo anterior, me parece necesario sentirnos intepeladxs de manera urgente por las revoluciones populares del mundo árabe. El problema radica en no pensar que la interpelación debe traducirse en un transplante de métodos y tácticas (ni siquiera, podría pensarse, de estrategias). Si creemos que debemos importar las fórmulas de movilización masiva que hicieron caer a Mubarak, no haremos sino repetir los errores de la izquierda que miró primero a Moscú y luego a La Habana, antes que a sus propios espacios. Lo que sí hay que transplantar (pero no se me ocurre el modo) es lo que en alemán recibe la denominación de Zivilcourage; lo que necesitamos más que nunca es la valentía política de estar dispuestxs a morir por vivir de otra manera.
Cierto, no estamos bajo una dictadura como la de Gaddafi o Mubarak. Pinochet ya no está en La Moneda, al menos no su cuerpo físico. Pero el cuerpo político de Pinochet, el espíritu de Pinochet, sigue ahí dando vueltas. "Todxs tenemos un pequeño Pinochet dentro". Así parece ser. ¿No es suficiente acaso un alza tan brutal en el precio de la vida para salir a mostrar el descontento? A mí al menos me parece así. Pero no ocurre. Nada ocurre en el país. Nada que parezca importar, nada por lo cual irse a las manos, nada que escape de una rutina televisiva y farandulesca, nada por lo cual querer tirarse de un octavo piso. Nada de eso. O tal vez me equivoco, y sí hay de eso, pero no de lo que a mí me gustaría, porque la gente sí se va a las manos por el football y por el Festival de Viña. Por eso creo que necesitamos más que nunca algo, un poquito que sea, del valor árabe.
Cuántxs no morirían de vergüenza al ser martirizadxs hoy.
Sunday, 20 February 2011
Cosas de febrero
Mañana, también, sube el pasaje de la micro. Un asco. $620 el Metro en horario punta, lo que quiere decir que alguien que sólo va y vuelve de trabajar todos los días de la semana gastará $24.800 en transporte.
Debería acabarse ya este mes.
Saturday, 19 February 2011
Monday, 14 February 2011
Temáticas (recurrentes)
Sunday, 13 February 2011
Sonnenbrille
La próxima semana...
Favores que no son tan favores
Aquí nadie se debe nada.
Friday, 11 February 2011
Observación corta sobre Egipto
11.02.2011
Wednesday, 9 February 2011
Monday, 7 February 2011
Wednesday, 2 February 2011
Planes para los próximos días
Ir a la playa
Armar postulación para taller de SEPHIS
Escribir
Leer
Volver a Santiago
Escribir
Inventar alguna forma de aprender a cocinar algo nuevo
Leer
Ir al médico
Reunión Indie.cl
Escribir
&c &c
Monday, 31 January 2011
Orientalism
...what has not been sufficiently stressed in histories of modern anti-Semitism has been the legitimation of such atavistic designations by Orientalism, and more important for my purposes here, the way this academic and intellectual legitimation has persisted right through the modern age in discussions of Islam, the Arabs, or the Near Orient. For whereas it is no longer possible to write learned (or even popular) disquisitions on either 'the Negro mind' or 'the Jewish personality,' it is perfectly possible to engage in such research as 'the Islamic mind,' or 'the Arab character'.
[... lo que no ha sido lo suficientemente acentuado en las historias del anti-semitismo moderno ha sido la legitimación de tales designaciones atávicas por el Orientalismo, y, más importante para mis propósitos aquí, la forma en que esta legitimación académica e intelectual ha persistido directamente hasta la época moderna en las discusiones sobre el Islam, los árabes, o el cercano Oriente. Porque mientras ya no es posible escribir disquisiciones eruditas (o incluso populares) sobre 'la mente negra' o 'la personalidad judía', es perfectamente posible involucrarse en investigación sobre 'la mente islámica' o 'el carácter árabe']
Edward W Said, Orientalism, New York, Vintage Books, 1978, p. 262
A propósito del almuerzo de hoy
Egipto
Saturday, 29 January 2011
Video
Monday, 24 January 2011
Comida
Paráfrasis
Wednesday, 19 January 2011
Things that make me happy
Tuesday, 18 January 2011
Gleichheit
Monday, 17 January 2011
Cosas de ahora
Evelyn Matthei y Andrés Allamand en el gabinete, Ley de Seguridad Interior del Estado en Magallanes, Carlos Larraín al Senado. Todo cada vez más oscuro parece. Mientras más colapsa la idea de 'Nueva derecha', menos parece ser capaz la oposición de avanzar en la pelea de posiciones. La secuencia de acontecimientos ha sido tan precipitada que no ha hecho sino resaltar la desarticulación de la izquierda (y, por qué no decirlo, de la Concertación), con lo cual la última semana tiene mucho más sabor a oportunidades perdidas que a posibilidades que se abren.
La movilización intensa que se produjo en Magallanes tras el anuncio del alza del gas no fue contestado sino con la misma intransigencia con la cual el Gobierno enfrentó la huelga de hambre de los presos políticos mapuche. Aun cuando me parece una señal tremendamente positiva que haya sido una entidad al menos nominalmente autónoma como la Asamblea Ciudadana la que ha actuado de interlocutora frente al Gobierno, no deja de ser preocupante la forma en que los espacios son rápidamente fraccionados al momento de negociar. Parece que años fuera de los circuitos de la Realpolitik han hecho que los elementos más críticos de la izquierda se amparen bajo un 'todo o nada', que termina haciendo a lxs dirigentes transar de manera ridícula y casi siempre de espalda a sus bases.
Lo interesante es que cómo una situación particular de la región logró instalarse como tema nacional que excede el caso particular de la medida. Pero, al mismo tiempo (y de manera muy similar a la cuestión del ajuste curricular que implicaría la reducción de las horas de historia), el potencial crítico ha sido rápidamente enterrado por medios de comunicación y por políticos de la derecha y la Concertación. ¿Sería posible plantear una secesión total de Magallanes en caso que las demandas de la Asamblea no se cumpliesen? ¿Qué haría el Gobierno frente a una amenaza de anexión a Argentina (o, lo que es casi lo mismo, frente una migración masiva)? Asimismo, el elemento económico más crucial ha ido quedando en segundo plano: un cuestionamiento a la predominancia incuestionable de la lógica tecnocrática tras las decisiones del Gobierno.
Sin embargo, a diferencia de la huelga de hambre y del rechazo al ajuste curricular, el Gobierno ha tenido que pagar costos políticos (al menos nominalmente). El problema que me parece ver aquí es que se está transformando una derrota en un triunfo de la derecha. La obscenidad del cambio de gabinete y de la nominación de Larraín en el cupo de Allamand no hacen sino escenificar de manera triste y patética la debilidad de la izquierda para aprovechar instancias de articulación mayor frente a los puntos flacos de la hegemonía neoliberal. La amenaza de represión desbandada que se cierne sobre Magallanes se acompasa del desembarco de dos políticxs que no parecen facilitar la situación para un avance en la 'guerra de posiciones'. Ambxs (mucho más Matthei que Allamand) son 'portavoces de modelo', políticxs tecnocratizadxs del más grueso calibre y con una capacidad para desbaratar a sus interlocutorxs que sería un error subestimar.
Tal vez lo más preocupante, en ese sentido, sea el nombramiento de Evelyn Matthei como Ministra del Trabajo. Por mucho rechazo que pueda tener, lo cierto es que tiene la capacidad política para hacerse oir dentro del Gobierno y dentro de la Coalición, con lo cual es mucho más que posible que la 'agenda laboral' avance de manera expedita y brutal. Me imagino que en la CUT (e igualmente en la ANEF) deben estar en un momento de desesperación frente al difícil escenario que se perfila para 2011. La pregunta es evidente: ¿es posible que algo bueno salga de la adversidad? A mi modo de ver, es este el mejor momento para que Arturo Martínez salga de la CUT de una vez por todas y Cristián Cuevas logre un grado mayor de influencia. Si existe alguna posibilidad de que el movimiento sindical deje de funcionar como un grupo a la defensiva y se coordine con otros espacios para avanzar un proyecto de desmantelamiento del Estado tal cual lo conocemos, me parece que es con Cuevas más que con Martínez.
A riesgo de que suene como un desacierto, me parece que lo menos alarmante es lo de Larraín. El MOVILH ha hecho amplia difusión de dichos homofóbicos y de posturas anti-LGBT del actual presidente de Renovación Nacional. Honestamente, no me parece algo de primera prioridad. Concentrarse exclusivamente en la figura de Larraín permite esconder la manera en que la Concertación ha sido menos que progresista a la hora de posicionarse en relación a la agenda LGBT (pensemos en la polémica Rossi-Andrade tras el fallido proyecto de matrimonio igualitario). Al mismo tiempo, el carácter conservador de los proyectos impulsados por la homosexualidad de Estado (MOVILH, MUMS y demases) queda evidenciado en su nulo interés por pensar el matrimonio igualitario como un piso mínimo desde donde radicalizar las discusiones y llegar a un cuestionamiento/transformación profundo de las estructuras heteronormativas. Al mismo tiempo, no hay siquiera el más mínimo guiño a otras luchas, ya sea en el campo genérico-sexual como en otros espacios políticos de izquierda. De este modo, me parece un error sobreacentuar la crítica a Larraín en tanto 'homófobo' y no resaltar el carácter anti-democrático de nuestro actual sistema político.
Parece que se avanza más mientras más lejos estamos de Santiago.Sunday, 16 January 2011
Saturday, 15 January 2011
Friday, 14 January 2011
Examen de grado
Hora: 15.00
Escribí seis páginas 'resumiendo' lo que quiero decir (es claro que seis páginas ya no son un resumen). Hoy me corté el pelo. Tiene que ver con el examen, pero tampoco tiene que ver. Aun me queda ver qué haré después.
Tuesday, 4 January 2011
Para el verano
- Jörn Rüsen (ed.), Meaning and representation in history
- Mieke Bal, Conceptos viajeros en las humanidades
- José María Arguedas, Los ríos profundos
- Robert Rosenstone, History on film/film on history
- Jan Assmann, Das kulturelle Gedächtnis
- Nara Milanich, Children of fate
- Edward Said, Orientalism (este ya lo tengo avanzado, me falta la última parte)
- Raymond Williams, Marxismo y literatura (ídem, aunque me falta más que con Said)
- Manuel Vicuña, Un juez en los infiernos (casi ídem, llevo menos que con Williams)
- Fedor Dostoiewski, El jugador
Cosas que estaban en la lista y ya terminé:
-Deborah Poole, Visión, raza y modernidad
- Mercedes Bunz, La utopía de la copia. El pop como irritación
- Antoinette Burton, Archive stories. Facts, fictions, and the writing of history
- Alejo Carpentier, Concierto barroco
- Graciela Montaldo, Zonas ciegas
De los últimos dos, digo lo siguiente: me abrieron el apetito por más lecturas. Así que si alguien tiene recomendaciones que hacer, serán más que bienvenidas.
Monday, 3 January 2011
Concierto barroco
- Cantidad no es calidad. El libro tiene poco más de 120 páginas, pero no es menos potente por eso.
- Es bacán cuando se cruzan registros. Abordar el barroco como período, que puede encontrar soluciones distintas en medios diferentes. Y de ahí al neobarroco. Mezclar, también, nacionalidades, porque Carpentier pone a Domenico Scarlatti, Antonio Vivaldi, y George Friedrich Haendel tocando juntos en un convento en Venezia.
- A veces la crítica a la posición subordinada de América Latina en relación a Europa no tiene por qué formularse en función de una prosa vociferante, incendiaria, que repite las mismas fórmulas una y otra vez. A veces puede recurrirse a la ópera, a Vivaldi, al carnaval veneciano, a decir que Madrid es fome comparado con Ciudad de México. Tampoco ser incendiario está mal, pero es posible adoptar otros tonos.
- Hay tópicos y tropos que vuelven una y otra vez. Me pregunto si es que ahora también andan dando vueltas y no me he dado cuenta. ¿O será que los gestos que hace Carpentier no son replicables hoy? ¿Cuánto aguanta la analogía?
Eso por mientras.
Wednesday, 22 December 2010
Juntarse
Saturday, 18 December 2010
Me gusta Kate Nash
Saturday, 11 December 2010
Clima
Llueve menos ahora. Bach, 'Preludio. Sonata nº 1 para Cello'. Interpreta Mstislav Rostropovich
Thursday, 9 December 2010
Notas de lectura de un intruso
[Texto de presentación del libro Caminos y desvíos: lecturas críticas sobre género y escritura en América Latina, editado por Alicia Salomone, Lorena Amaro y Ángela Pérez, Santiago: Cuarto Propio, 2010]
Uno debe justificarse a cada paso de la lectura, porque una lectura crítica difícilmente lo sería sino buscara poner en evidencia la manera en que realiza ese ejercicio de aproximación a un texto. A medida que avanzaba en la lectura de Caminos y desvíos, me sentía constantemente interpelado por la necesidad de justificar mi presentación futura. No en el sentido de que los textos me hablaran a mí como lector-presentador individual, sino porque sus formas y lugares de enunciación, sus claves interpretativas, sus protocolos de lectura, me eran poco familiares, extraños. Por sobre los caminos y desvíos que el libro propone, tuve que agregar los míos propios, realizar una ruta desde mi propia provincia disciplinar (la historiografía, por decirlo taquigráficamente) hacia los espacios que exploran las autoras del libro. Tras algunos intentos, poco satisfactorios, logré dar con una hoja de ruta que me dejó mínimamente satisfecho para maniobrar la responsabilidad que se me había encomendado: presentar un libro que está escrito desde un terreno en el cual no logro entenderlo todo, en donde siempre es necesario hacer traducciones y analogías para poder dar con lo que se está pretendiendo decir, y en donde siempre existe la posibilidad de no comprender del todo lo que se enuncia.
“Nunca hay que juzgar un libro por su portada”, y sin embargo, la portada es un momento ineludible de cualquier libro. Al menos a mí no me gusta eludirla, en el entendido que un libro siempre es más que su ‘contenido’. Aquí mismo veo un libro con rectángulos celestes y aguamarina, casi rallando en el turquesa, que vertical y horizontalmente se acoplan y sobreponen a dos o tres vías de tren que se dirigen fuera del espacio de encuadre del libro. Los rieles se cruzan y trazan una curva en medio de un espacio con malezas que crecen al borde de la vía, y entre los durmientes de madera. Los rieles marcan un camino, y un camino, aun cuando esté desviado, marca un itinerario, y un cruce marca una intersección, que apunta a la posibilidad de establecer trayectorias que pueden converger o diverger en un horizonte determinado. Al mismo tiempo, la vía remite al tren, ese medio de transporte eminentemente moderno, hoy ya en desuso, al menos en nuestro país. ¿Es acaso el tren un objeto totalmente extraño en América Latina? ¿No es acaso su instalación un testimonio de la forma particularmente subordinada en que se constituyó una modernidad en el espacio latinoamericano? Quizás eso pueda encontrar un correlato visual en el contraste existente entre el mal estado de la vía de tren y la pulcritud de los bloques de color que sostienen al texto, pero que, no obstante, ceden en su intensidad tonal para dejar ver (como un filtro cromático azulino) los rieles que pueblan la portada.
Pienso ahora en el título: Caminos y desvíos. Un ejercicio de crítica y de lectura implica el asumir “caminos y desvíos”, establecer itinerarios interpretativos que nos habiliten para transitar los terrenos de lo derruido y de lo actual. Al menos aquí he podido encontrar uno de los puntos para poder entrar al texto desde mi particular posición como historiador, puesto que el trabajo de producir una representación narrativa del pasado no puede eludir su propia condición de tránsito, de camino hacia un pasado desaparecido (en sentido de ida) y su re-articulación como relato en el presente (en sentido de regreso). Y en ello, siempre hay desvíos que deben ser tomados para poder hacer un viaje satisfactorio, puesto que todo relato que pretenda una conexión directa e inmediata con el pasado termina por parecer sospechoso e ingenuo. En alguna medida, la crítica literaria actual establece una relación análoga con sus materiales. Así, un corpus de textos no puede ser abordado de manera espontánea e inmediata; siempre se requieren “caminos y desvíos” para poder dar con una interpretación dentro de un universo de posibilidades hermenéuticas.
El objetivo de Caminos y desvíos, según sus editoras, es “reflexionar crítica y creativamente en torno a la relación entre género y escritura en el siglo XX latinoamericano”. Con ese horizonte común es que se encuentran reunidos los distintos ensayos, agrupados en cinco secciones temáticas (“Subordinaciones/Insubordinaciones”; “Abuelas, madres, hijas”; “Políticas del nombre”; “Género e imaginarios urbanos”; “Escenarios de la mujer en Chile”). El espacio abarcado no es poco, tanto conceptual como temporal y geográficamente; los ensayos remiten a Guatemala, la dictadura y post-dictadura de Chile y Argentina, el escenario intelectual del Chile de los años cuarenta, y la posibilidad de re-construcción de la historia del movimiento LGBT local, sólo por nombrar algunos puntos de anclaje de la reflexión que presentan las autoras. Intentar cubrir todo este espacio no puede dejar de significar riesgos, pero es del todo rescatable y necesario que exista el deseo de no caer en la tentación monografista de la tradición local, poniéndose las anteojeras de un presentismo nacional que no busca aquello que hay de común y de diferente con el espacio latinoamericano, que prefiere mirar para otra parte cuando el horizonte continental interpela procesos escriturales usualmente considerados como exclusivos de Chile, o de un género literario, o de una autora. De ahí que me parezca un acierto la segunda palabra de título: desvíos. De una manera u otra, los artículos apuntan a desviar la mirada de las lecturas dogmatistas, que encierran al texto dentro de sí mismo y no lo hacen entrar en diálogo con la multiplicidad de mundos que se encuentran dentro y fuera de él.
La elección de un horizonte común de encuadre de los ensayos del libro no quiere decir, sin embargo, que los textos (tanto los del corpus analizado como los que constituyen los artículos de crítica) establezcan entre sí relaciones de equivalencia u homología. En efecto, si seguimos la misma premisa que explicitan las editoras en la presentación, se trata de “una mirada que prioriza la heterogeneidad por sobre los monologismos, se proyecta en este texto una idea de la escritura como espacio inclusivo, en el que se integran diversas prácticas y géneros del discurso”. No puedo menos que estar de acuerdo en el imperativo de priorizar la heterogeneidad. El libro da cuenta de ello, toda vez que los ensayos no buscan imponer entre sí sus claves de lectura, ni intentan, tampoco, colocarse a sí mismos en un único lugar de enunciación, un único espacio para establecer la lectura correcta y válida. Me da la impresión que es, en parte, la categoría de ‘género’ la que impide clausurar el trabajo interpretativo de las autoras en función de un paradigma excluyente. Por el contrario, el hecho es que el género aparece de maneras que pueden considerarse en tensión mutua, sin que ello anule el marco general que encuadra al libro. Incluso ensayos que recurren a un mismo ‘enfoque’, divergen en torno a las relaciones que establecen entre teoría y corpus. Ainhoa Vásquez y Javiera Figueroa, por ejemplo, hacen comparecer al psicoanálisis para trabajar de manera diferencial las textualidades que las ocupan. Si para la primera las relaciones entre madre e hija serán de vital importancia (al igual que conceptos jungianos como temenos), para la segunda el problema de la memoria y el rol que juega la eliminación del padre del orden simbólico (convocando, entonces, al fantasma de Lacan) se volverán temas cruciales.
Sería posible hacer un contrapunteo múltiple para trazar las maneras en las que Caminos y desvíos convoca a diversas maneras de aproximarse a la escritura latinoamericana del siglo XX (o, para ser más preciso, de un siglo XX largo). Y posiblemente podría objetarse que, tras dicho contrapunteo hipotético, poco y nada quedaría del proyecto del libro. Decir que, en definitiva, es tal la mezcolanza que no hay nada que una a los artículos sino una rúbrica, una categoría, una ‘palabra clave’, que permita indexar y catalogar más rápidamente el producto de una reflexión de a varias (ya no una reflexión colectiva). Por muy plausible que pudiera parecer esa alternativa, me veo en el deber de, al menos, cuestionarla (y no – solamente – porque haya sido invitado a presentar el libro por una de sus editoras, o porque conozca a más de una de sus autoras). Me veo en el deber de cuestionarla, en parte, por mi propia trayectoria disciplinar y biográfica.
Porque lo cierto es que si algo se aprende en cuatro años de Licenciatura en Historia, es a atender a las especificidades sin perder de vista la generalidad, a poner en contexto, a descreer de las homogeneizaciones irreflexivas. Y si hay algo que he aprendido en los años que llevo involucrado con la (incipiente) escena de la disidencia sexual chilena, ese grupo de ‘desviadas’, ‘locas teóricas’, es que cuando se habla de género (o de cultura o de escritura), nunca se dice algo unívoco. Nelly Richard ha hablado de las palabras género y feminismo como palabras con múltiples pliegues, sobre los cuales se deposita una carga de historicidad que hace imposible generalizar de manera abstracta un significado único de dichos términos. Decir “género y escritura”, decir “lectura”, decir “crítica”, decir “América Latina”, es siempre decir mucho más que los dos o tres significados que espontáneamente podemos asignar a esos nombres. Por eso es que a mí no me complica en lo absoluto que en el texto convivan textos como los de Karem Pinto, que aborda la figura de la anciana selk’nam rescatada por Diana Bellesi en Sur, asignándole los valores de lo ancestral, portadora de una cosmovisión del “universo indio como elemento constitutivo esencial de la identidad latinoamericana”. No me complica precisamente porque, unas cuantas páginas más adelante, el ensayo de Gilda Luongo hace comparecer el reciente libro de Víctor Hugo Robles, Bandera Hueca, como el dispositivo textual desde donde des-hacer y re-hacer la memoria de la diferencia sexual desplazada por los espacios políticos tradicionales, reivindicando las “acciones micropolíticas que intentan subvertir o al menos desestabilizar el estado normalizador del género y del sexo que impone la matriz heterosexual hegemónica”.
Con lo anterior solamente quiero graficar la medida en la que en Caminos y desvíos, el género no es un contenido fijado apriorísticamente por un aparato de saber, que lo haría inteligible como categoría de análisis dentro de la formación discursiva mayor que constituye la crítica literaria. Más bien, al decir “género”, me da la impresión que las editoras y las autoras apuntan a un lugar desde donde poder mirar los textos que componen el corpus de cada una de ellas. De ahí que no sea siempre necesario que los ensayos problematicen explícitamente el género como su objeto de crítica. Textos como los de Rubí Carreño aparecen más avocados a una elaboración sobre la memoria y la significación que la escritura de mujeres (en registros impresos o sonoros) puede llegar a tener en una biografía individual o colectiva. Este “decir género” como la circunscripción de un lugar de enunciación, como el sitio desde donde mirar, permite precisamente a los textos tomar sus propios caminos y sus propios desvíos, evitando así el fundamentalismo teórico que parece caracterizar ciertas ramas del feminismo, la teoría crítica, y los estudios de género, mucho más preocupado de clausurar terrenos que de abrirlos a cruces que permitan pensar de manera distinta.
Sigo pensando en la portada del libro. En cómo estos rieles son la metáfora de los tránsitos entre terrenos, entre registros escriturales, entre géneros. De la poesía a la novela histórica a la autobiografía al cuento. Pienso también en la fotografía. En las vías que salen del encuadre, que van más allá de la portada, que no se acaban en la portada, pero que tampoco se enmarcan de manera recta en su interior. Los rieles rechazan una trayectoria recta y lineal, que tenga en la portada su punto de fuga. Por el contrario, las vías (los caminos) se alejan de la portada, y pienso entonces en la manera en que la lectura de un texto (especialmente aquellas que se refieren al género, aquellas que “dicen género”) lleva más allá del texto, más allá de la escritura. Fuera del texto y fuera de la escritura. Más aún, la localización geográfica del título me lleva a pensar en un sitio (América Latina) que se encuentra más allá del texto, fuera del texto. Y es en este juego de sugestiones que me provoca la portada que empiezo a encontrar los puntos en donde mi propia formación disciplinar me hace manifestar algunos reparos o reservas. A medida que intento elaborar y articular estos reparos, siempre necesarios en cualquier lectura crítica, no dejo de estar inseguro sobre su pertinencia. Pero al mismo tiempo, no logro convencerme sobre la incomensurabilidad de los registros disciplinares, sobre la imposibilidad de atravesar los territorios del saber, sobre la ininteligibilidad de los lenguajes interpretativos.
Como sea que fuere, logro detectar un grado de tensión entre los artículos del libro que consideran necesaria la relación texto/contexto y aquellos que parecen prescindir de ella. No quiero decir con esto que exista sólo una modalidad de dicha relación, sino que para un historiador, los vínculos entre texto y contexto son insoslayables. Los ensayos de Alicia Salomone, Lucía Guerra, Lorena Amaro, Natalia Cisterna, Magda Sepúlveda, Alida Mayne-Nicholls y Gilda Waldman grafican las diversas estrategias mediante las cuales es posible poner un texto en situación, comunicándolo con sus referentes, con los escenarios discursivos y extra-discursivos que funcionan como su condición de posibilidad. Por otra parte, me parece que en los artículos de Ainhoa Vásquez y Ángela Pérez esta relación texto/contexto se desdibuja, o al menos no logro dar con las claves para ir a las particularidades que vinculan la escritura con el mundo dentro del cual se produce y circula. Esto no quiere decir que todas las modalidades de articulación del texto con su contexto sean equivalentes entre sí. En algunos casos, el establecimiento de antecedentes biográficos y sociohistóricos será suficiente para encuadrar el corpus, mientras que en otros (notablemente en los artículos de Lucía Guerra, Lorena Amaro y Natalia Cisterna) nunca será posible separar texto de contexto; la situación del enunciado se vuelve tan importante como la textualidad para poder leer las formas de construcción del género, del espacio, del nombre propio, y de la subjetividad moderna. Sin embargo, no quiero sostener que aquellas apuestas interpretativas que hacen comparecer al contexto de manera más difusa (o que prescinden derechamente de él) estén ‘erradas’. Son simplemente desvíos que hacen diverger los horizontes de lectura, pero que en ningún caso impiden tráficos conceptuales de un lado a otro. Como historiador, no estoy en posición de decirle a las críticas literarias cómo tienen que leer. Pero sí puedo, al menos, hacer sugerencias, o acotaciones al margen, que pueden o no ser tomadas como punto a considerar a la hora de calibrar futuros textos.
Vuelvo a la portada. A la figura del tren. En su lugar en la historia de la modernidad latinoamericana, en el entendido que el concepto mismo de ‘modernidad latinoamericana’ es ya una toma de posición (frente a una imagen, frente a una metáfora, frente a una historia). De alguna manera u otra, los artículos de Caminos y desvíos se enmarcan dentro de un siglo en el cual las modernidades latinoamericanas fueron constantemente puestas a prueba. El largo (o corto) siglo XX latinoamericano circunscribe los momentos de aporía del proyecto de una modernidad (nacional, continental) periférica. Y me parece que los textos dan cuenta de estas aporías desde ese “decir género”, pero también en registros que exceden el “decir género”. Las sucesivas mutaciones que sufrieron el espacio público y privado fueron puestas a prueba desde el género, el sexo y el deseo, aun cuando no fueran estas las únicas formas de ponerlas a prueba. El que las mujeres (y algunos hombres) ‘tuvieran un espacio’ y ‘tuvieran algo que decir’ no fue algo azaroso, ni tampoco un proceso que pasara desapercibido. Las dictaduras y post-dictaduras también fueron/son momentos dentro del proyecto aporético y auto-contradictorio de una modernidad que se resquebrajó bajo el terrorismo de Estado, el silenciamiento social, la complicidad colectiva, los dispositivos de desaparición, los agenciamientos opositores, las luchas clandestinas, los nombres resistentes. Incluso la coyuntura ‘postmoderna’ que pareciéramos seguir atravesando no puede deshacerse de los anclajes de la modernidad periférica, aun cuando no sea para citarlos como el sitio del fracaso de un proyecto, y por ende como la justificación del desmantelamiento imaginativo/imaginario/cultural/simbólico de dicho horizonte que constituyó y constituye la modernidad. Las modalidades de una historia escindida de sí misma no dejan de recordarme las vías del tren, ese artefacto moderno de compresión del espacio-tiempo, que se implanta como el testimonio de la posición de América Latina dentro de muchas historias. La historia vivida por las sociedades latinoamericanas dejó marcas en las escrituras que comparecen como el corpus de este libro, a la vez que las textualidades mismas también dejaron sus marcas sobre estas historias. Pero esas marcas son siempre equívocas, esquivas, inexactas, a la vez que ineludibles, porque los itinerarios de Chile y América Latina son ellos mismos equívocos, esquivos, inexactos, a la vez que ineludibles.
diciembre de 2010
Recibir una noticia
Ahora empezó a sonar Elliot Smith.
Decir que este ha sido un año de mierda es un lugar común que todxs queremos evitar precisamente porque es cierto. Se murió una chica de antropología también hace unos meses. También acaba de haber un incendio en la cárcel de San Miguel y se murieron 81 internos. Entonces, no basta sólo con decir que hay un gobierno terrible que se aprovecha de la catástrofe para impulsar su propia agenda (cosa que es cierta). No basta, porque este tipo de cosas no son reductibles a los proyectos de un bloque político u otro. Son vinculables, relacionables, interpretables en función de tal o cual cosa, pero pretender que todo sea un 'side-effect' de lo que hace o deja de hacer el gobierno es una acción violenta, casi inhumanta. Y si no basta con decir que las tragedias personales e individuales son culpa de un gobierno, entonces queda la pregunta de cuál es el significado que le asigna uno a estos acontecimientos.
Le digo a mi amigo "es como... la irrupción de lo real, de lo que no puede ser asimilado completamente. algo que hace que te replantees cosas y te reposiciones dentro de tu metro cuadrado". Es raro, no entiendo por qué me afecta que se muera alguien que no conozco. Alguien con quien difícilmente yo fuera a tener algún contacto personal. Y sin embargo, puede que me lo haya topado más de una vez. Que él se haya topado alguna vez conmigo y él no lo hubiese sabido. Yo no entiendo por qué me afecta que se muera alguien que no conozco, que no conocí. No sé ni siquiera si es que me afecta o no que se muera alguien que no conozco. No sé si estoy diciendo que me afecta sólo porque me lo contó alguien que conozco, y que si esa persona u otra que conozco se muriera, tal vez me afectaría. Tal vez no me afectaría. Tal vez me afecta pensar que, cuando llegue el momento en que me tiene que afectar que se muera alguien, no me afecte.
Ahora suena Philip Glass.
Monday, 6 December 2010
Thursday, 18 November 2010
Ajustes de lo superfluo
Supongo (pero siempre hay un riesgo en partir tan bruscamente de las suposiciones) que a casi todo el mundo le impactó tanto o más que a mí la noticia de los cambios en la distribución de la carga horaria que anunció ayer el Ministro de Educación. El esquema de más horas de castellano y matemáticas tenía el 'costo' asociado de reducir horas en historia y en tecnología. También iban a aumentar las horas de inglés. Todo esto entre 5º básico y 2º medio.
Al principio intentaba resistirme a pensar que fuese en serio. La medida se explicaba de manera vagamente contextualizada dentro de la necesidad de mejorar 'indicadores de desempeño' en esas áreas, siguiendo recomendaciones de un informe de la OCDE (no se menciona cuál, sobre qué tema, de qué año, de qué apartado se sacaron las propuestas, con qué espíritu hicieron la sugerencia lxs redactorxs del informe, &c), argumentando una suerte de 'efecto chorreo' del mejoramiento en estos ramos sobre otras materias del currículum. Si bien hay quienes me dirán que exigirle una profundidad discursiva a Lavín es un acto algo injusto, creo que subestimar al enemigo siempre es una mala estrategia, que termina volviéndose en contra de uno las más de las veces. Con eso en cuenta, propongo que hay que leer más atentamente la aparente improvisación del anuncio y la confusión que rodea la justificación de la propuesta del MINEDUC. La manera en que se presentó el cambio (entendido como el más grande ajuste curricular) dio cuenta de la escenificación más palpable de la lógica cuantificadora que se ha venido instalando cada vez con más fuerza en el campo de la cultura y la creación intelectual: el predominio del número, la individualidad pasiva del 'alumno' como referente del cambio educativo, la indeterminación cualitativa que a su vez opaca la fetichización del cuantitativismo. Al mismo tiempo, el que la noticia haya aparecido de manera inesperada testimonia el dominio efectivo que tiene el gobierno de la agenda política; Lavín (y por ende Piñera) puede darse el gusto de avisar de un día para otro que habrá una reforma del horario escolar y parece que no hay mucho que podamos hacer como para habernos enterado antes.
En el entendido que no estamos tratando aquí con una forma vacía, creo posible sostener que la modalidad del anuncia prefigura también su contenido. La UDI ha salido rápidamente a defender la pertinencia, la necesidad, y la utilidad del ajuste curricular, señalando que es lo que el país necesita para tener "más emprendedores". Al igual que Lavín, su omisión es lo más importante: el hecho de dicho salto (que se asume como de suyo deseable) ocurra a costa del ramo de historia y ciencias sociales queda sin abordar. No hay que subestimar la elocuencia de este silencio, puesto que es precisamente el anudamiento que se produce en el entramado ideológico el que debe ser el área para la crítica y la intervención política. La naturalización de la tecnocracia y el emprendimiento como los horizontes últimos de provisión de sentido no ocurre de manera limpia, sino que siempre implica un costo, que en esta circunstancia concreta es el despojo curricular de las humanidades dentro del espacio de la escuela.
Sería ingenuo a estas alturas plantear que el aumento en las horas de castellano traerá consigo una formación más acabada dentro de áreas como la literatura y la lecto-escritura crítica. La banalización del currículum escolar viene a consolidarse mediante una expansión horaria de dos ramos, que no hace sino contribuir al achatamiento intelectual que ya es la norma en las aulas escolares. La agenda que sale de la boca de las omisiones de Lavín no es sino el cercenamiento de la imaginación y de la posibilidad de abrir el sentido sobre la cultura, la memoria, y la historia, en favor de la beatificación de las 'ciencias duras' y las 'disciplinas productivas'. Me da la impresión que quienes nos ubicamos en el campo de la cultura, la crítica intelectual (en particular), la izquierda y las humanidades (en general) no hemos dimensionado lo suficiente los alcances que ya está teniendo esta política. No se trata únicamente de una repartición desigual del capital cultural (cosa, por lo demás, archisabida), sino de algo mucho más profundo: la capacidad colectiva de plantear una otra sociedad. Pretender que se puede prescindir del poder de la cultura a la hora de montar una oposición a los grupos que hoy hegemonizan la política es mucho más que una postura naïf; pasa a ser un error estratégico.
Lo que se puede jugar en las próximas semanas es mucho más que el interés puntual de un grupo más o menos reducido de profesores y futuros profesores. Digo "se puede jugar" porque hay que reconocer que quienes nos posicionamos no sólo contra el gobierno, sino que lo hacemos desde el espacio (siempre problemático, tensionado, tensionante y heterogéneo) de la izquierda, estamos en una posición desmejorada y desarticulada. De ahí que tengo la esperanza que sea la gravedad del asunto la que logre al menos condensar las fuerzas que permitan pasar de un mero pataleo a una recomposición tanto de lo que significan la cultura y las humanidades como de la izquierda. Porque nunca basta con oponerse a la banalización desde una posición iluminista, sino que de alguna manera hay que transformar la fractura de lo superfluo en la emergencia de un interrogante que pueda llevar al vocablo 'emancipación'.Monday, 15 November 2010
Una posibilidad, de varias
"If you're so clever, then why are you on your own tonight?"
Tuesday, 9 November 2010
09.11.2010
Sunday, 7 November 2010
Idea
Thursday, 4 November 2010
Estaciones
Wednesday, 3 November 2010
Sitio eriazo
Tuesday, 26 October 2010
Sunday, 5 September 2010
No subestimar al enemigo
Hay que tener ojo con lo que dice/piensa la derecha (o las personas de derecha, que no es lo mismo, pero es casi igual). Hoy estaba viendo 'Estado nacional' y pillé a Jovino Novoa hablando de "los huelguistas" (jamás iba a decir presos políticos mapuche). Cuando lo increparon por decir que las Naciones Unidas se equivocaban en lo referente a su declaración sobre la situación de los mapuche (no conozco el contenido exacto de esta declaración), respondió que seguir los lineamientos de la ONU en esta materia era el primer paso para "reconocerles el carácter de pueblo, nación, o grupo beligerante". De ahí siguió hablando cosas del delito de incendio, el terrorismo, caso bombas, &c.
No se equivoca Jovino Novoa cuando dice eso. O, para ser más preciso, le achunta justo al tema: el carácter nacional de la lucha mapuche. Extrañamente, ha habido menos disposición en la izquierda para ver eso. Un cierto paradigma de la multiculturalidad ha hecho que el llamado progresismo vea en esto sólo un asunto de integración, redistribución de tierras, una que otra beca, y sería. Cierto, no todxs lxs mapuche ven el asunto en términos de lucha nacional, pero ello no invalida la potencia del discurso que han logrado articular algunos sectores. Varixs intelectualxs (con más evidencia los autores de ¡Escucha winka...!) han hablado aquí de autonomía territorial, lo que implica necesariamente una reformulación de la relación ciudadanía/Estado, al menos en el espacio en el cual se aspira tener dicha autonomía.
¿Y qué dice la izquierda entretanto?
No mucho. No lo suficiente. No lo que le gustaría a uno que dijera. Al menos yo intento hablar algo, pero nunca basta. Pasaremos el 18 y nadie hablará de estas cosas. Excepto Jovino Novoa y sus lapsus. El enemigo a veces tiene más claras las cosas que los aliados.Sunday, 29 August 2010
29.08.2010
Tuesday, 24 August 2010
Yo me pregunto
Sunday, 22 August 2010
Atrapados
Friday, 20 August 2010
Cosas de la vida
Wednesday, 11 August 2010
Tesis
Sunday, 8 August 2010
Viaje
Wish me luck.
Friday, 6 August 2010
Monday, 2 August 2010
Premio Nacional de Historia
Sunday, 1 August 2010
Friday, 30 July 2010
Palabras
Desdramatizar
Insubordinación
Agenciamiento
Defenestración, defenestrar
Suspicacia
Impajaritable
Especular
Instanciar
Metonimia
Metátesis
Desplegar
Iteración, iterar
Cromático
Escópico
Crítica, crisis
Catástrofe
Representacional
Abstracción
Meta- (como prefijo)
Añadiré más en los próximos días.
Pasos para la descomposición nacional
"Blanco, azul, y rojo tres colores son
Blanco, azul, y rojo tres colores son
Blanco, azul y rojo tres colores son..."
La reproducción de esta rima folklórica, intervenida digitalmente, es el telón de fondo de la performance "La labandera" realizada por Felipe Rivas San Martín el lunes 7 de junio en el marco del Segundo Circuito de Disidencia Sexual, "Por un feminismo sin mujeres", organizado por la Coordinadora Universitaria por la Disidencia Sexual (CUDS). El llamado "ejercicio pintoresco" consiste en la proyección del cuadro de Mauricio Rugendas "El huaso y la lavandera", mientras Felipe Rivas (vestido con camisa de lino desabotonada y pantalón negro) lava una bandera chilena con cloro.
Hasta ahí la descripción.
La acción performática de Rivas pone en escena una serie de elementos que me parecen interesantes en su conjunción. De buenas a primeras, no me parece posible leer la performance sin ponerla en su contexto (más o menos inmediato). La manipulación del símbolo patrio (la bandera) adquiere especial relevancia bajo el primer gobierno de la derecha política después de la Dictadura, toda vez que uno de los primeros actos de instalación simbólica del gobierno fue el cambio del logo y su reemplazo por el escudo nacional. Desteñir la bandera (con cloro u otro material) resulta ya un gesto cuya eficacia puede ser medida contra la situación política del regreso (esta vez explícito) de la derecha al poder.
Sin embargo, el limitar la lectura de la performance a un desafío a la tradición autoritaria que sostiene ideológicamente los políticos del actual gobierno no es sino ignorar las mismas claves que la acción otorga para su interpretación. En efecto, las líneas de fuga que le otorgan fuerza a "La labandera" se relacionan mucho más con la dinámica citacional que pone en escena que con la acción del lavado. La proyección de cuadro de Rugendas, que cae en un principio sobre un telón y luego sobre la bandera desplegada por Felipe Rivas, es como una suerte de matriz originaria para la performance; "La labandera" replica de manera especular (aunque no en su completitud) la escena y la acción del 'original'.
Este gesto de proyección sobre la bandera nos permite pensar "El huaso y la lavandera" como matriz originaria no sólo de una acción de arte específica, sino también de una idea de chilenidad específica. La nacionalidad que se articula en torno al cuadro de Rugendas es precisamente una que toma al paisaje rural y sus habitantes de manera bucólica e inofensiva para dar sustento imaginario a un Chile aún incierto. Como bien señala el mismo Rivas, el cuadro "representa un ícono de la construcción del mito heterosexual y racial de la nación, en la imagen naturalizada del Chile campesino y la normalización de los roles sexo/genéricos". Este trabajo pictórico cumple la función de un mito, en el sentido que le da Roland Barthes de un sistema secundario de signos que realiza operaciones de ocultamiento de la significación. En la idealización de campo quedan fuera todas las relaciones de violencia (de clase, racial, sexo-genérica) que se dan cita en un país que se encamina ambiguamente hacia la conformación de una economía agroexportadora dependiente y una sociedad típicamente oligárquica. Resulta curioso que dentro del imaginario nacional ocupe un rol tan preponderante la representación de individuos "del común". Como metáfora de la chilenidad, "El huaso y la lavandera" tiene un atractivo para las élites precisamente por su 'pacificación' del campo, por la transformación de la población en paisaje, domesticando así el espacio en ebullición social que el Chile del primer tercio del s. XIX (en circunstancias que están produciéndose de manera intensa las transformaciones apuntadas al disciplinamiento de la mano de obra, en tanto precondición para la transición de un modo de producción colonial hacia una posición periférica dentro del capitalismo decimonónico).
Así, "La labandera" se inserta a sí misma dentro de la larga historia de la relación entre arte y construcción de Estado-nación. Si la realización pictórica y su inserción dentro de circuitos (limitados) de exhibición fue crucial para la formación del "Estado en forma", me parece que aquí el gesto de Felipe Rivas permite afirmar la voluntad de apropiarse de la obra para deshacer la nacionalidad construida utilizando el cuadro de Rugendas. Sin embargo, no es aquí el cuadro mismo el que sirve para deshacer la chilenidad, sino su cita. Ante la imposibilidad de tener el original, diríamos, debemos recurrir a la referencia para poder situar la acción performática; pero cabe preguntarse, ¿es posible tener el original? El texto que acompaña la performance pone de manifiesto el manto de duda que, soterradamente y en silencio, se tiende sobre el estatuto autorial del cuadro hoy en exhibición en el Museo Nacional de Bellas Artes. Sin pretender disputar la originalidad de "El huaso y la lavandera", Rivas toma el cuadro prestado de manera fugaz para llevar a cabo una acción doblemente iconoclasta: desteñir la bandera y hacerlo imitando a lavandera que el cuadro representa. No obstante, dicha iconoclastía tiene un carácter oblicuo, puesto que no se está atacando el objeto mismo, sino más bien parodiando los contenidos simbólicos y los repertorios representacionales que el cuadro utiliza.
Un elemento adicional que resulta particularmente potente (y que bien podría pasar desapercibido) es la relación entre el audio y la acción. El desteñido en paralelo con la iteración de "blanco, azul, y rojo tres colores son..." ocurre en circunstancias que los arreglos y efectos (la voz es del mismo Rivas) hacen colapsar las palabras unas sobre otras. Los campos de tempo contrastan con un lavado de frecuencia errática, producto de lo que se podría suponer es la espontaneidad de una acción no programada. En la misma medida que los colores se deshacen, el audio se entremezcla generando interferencias. Podría sostenerse que el cuestionamiento de los presupuestos de la nacionalidad implica, entonces, el desdibujamiento de los límites representacionales que sirven para simbolizar dicha nacionalidad; el lenguaje y la imagen en sus registros folklorizados y folklorizantes tendríasn que deshacerse para poder dar paso a nuevos modos de existencia.
En rigor, la performance de Felipe Rivas resulta ser un primer gesto que permite plantearse nuevas posibilidades de composición de lo nacional y la nacionalidad mediante la descomposición de uno de sus símbolos. No nos dice qué vendrá después, no nos dice cómo podría resolverse la eterna paradoja de la transición (hacia la democracia, hacia el socialismo, hacia el multiculturalismo, hacia la utopía de la diversidad de las minorías sexuales, hacia la disolución del patriarcado, &c), no establece puntos de llegada sino líneas de fuga. No busca prefigurar sino desfigurar, en el sentido de tomar trazos pre-existentes y torcerlos gestualmente, tal y como se le tuercen y desfiguran las manos a quien lava una bandera con cloro.
Santiago, 27.07.2010